La fuente junto al pozo

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marzo 17, 2013 por La Vieja Noche

No obstante es evidente que en este libro, en su hechura intelectual, hay un diálogo entre la religion y la literatura. No es que la literatura o  el pensamiento literario o poético pregunte y los textos bíblicos nos den las respuestas.

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La fuente junto al pozo:
 una metáfora sobre el entendimiento
 
Otho Rosa Vélez
Cuando me enteré que iba a hacer este breve comentario -de índole más literaria que teológica- al libro La fuente junto al pozo de Benjamín Santana  y la actividad  sería un anticipo al evento histórico de celebración del Centenario de la vida evangélica de la Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo en el Bo. Pájaros de Toa Baja,  releí el libro.  Les contaré antes sobre lo que he aprendido a hacer, de antemano, siempre que  enfrento  algún libro de un nuevo escritor. Uno toma un libro y, no sabe porqué le toma el peso y lo soba. Luego comienza a buscar en el libro claves que  hablen de su contenido antes de comenzar a leerlo. Primero uno observa el título, la portada y la tipografía. Con la escepción del título, las otras son hechura del editor, que si es buen editor, intentará desde la misma portada, mostrar el alma del libro a través de alguna ilustración, de alguna obra de arte o de una fotografía. Inmediatamente, uno husmea en las solapas del libro, buscando información sobre el autor, en el índice; para saber cuál será su ruta, en las dedicatorias; para saber de sus alianzas y los epígrafes, que son siempre obsesiones del autor con alguien que se adelantó al tema que ahora a él compete y desea dejar, entonces establecida su posición frente a su antecesor. En el libro que comentamos, al autor se le adelantó el evangelista, pues todos los epígrafes, con excepción de uno pertenecen al relato que conocemos como el de Jesús y la mujer samaritana. El restante epígrafe pertenece a Juan Benetti; quién es un escritor, educador y psicólogo especializado en comunicación y organización, profesor de psicología de la religion, capacitador de derechos humanos y autor de más de 60 libros. La cita es tomada de un libro suyo titulado Salmos al derecho y al revés  y es casi una advertencia más de la relación de esta lectura de Benjamín con la literatura.  Luego de esto, si es posible, y disponemos de tiempo, leemos las notas al calce. Cuando se leen las notas sin saber hacia dónde estas apuntan -a qué nos refieren- estas se quedan como interrogantes en nuestra mente que irán aclarándose a medida que la lectura avance. No lo recomiendo; acepto que es un gesto de apresuramiento que en mi experiencia me ha obligado a leer libros – por curioso y desesperado- que no se lo merecían. Ya un poco más tranquilos, (o más incentivados) comenzamos a leer la contraportada.  Además de todo esto que señalo, este libro tiene un prólogo, una introducción del autor y un manifiesto….unas preguntas para discusión y cuestionamiento como ocurre con los libros de texto, y que el autor utiliza  para mantener una discusión sobre las pisadas del tema, más… dos reacciones al final del libro, que los más desesperados leen, antes de entrar en materia. Estas son más que suficientes advertencias para decidirte sobre la aventura de comprarlo o…de leerlo. En el caso de este libro en particular los comentarios resultaron ser excelentes motivaciones. En esas estaba, cuando recordé una frase (perteneciente a una conferencia del escritor Jorge Luis Borges, un escritor que ha estado muy presente en las lecturas de algunos miembros de mi familia) donde este, Borges, dijo lo siguiente:
“De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono de la voz: luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa, es una extension de la memoria y de la imaginación.”
 
Perteneciendo la cita a uno de los grandes escritores universales, debería ser guía – al menos parcialmente- para el examen y justificación de nuestro asombro,  midiendo cuánto de memoria y de imaginación poseen los libros que leemos y las personas que los escriben.
Tengo sabido de que si esta presentación de hoy consta de dos comentarios al libro, (el Segundo estará a cargo de la Dra. Agustina Luvis) entonces debo ser breve.  Quizá mi tarea sea, un poco bautista: la de preparar el camino de la Dra. Agustina Luvis para el examen del contenido del libro y de su autor. Me ayudará una sugerencia que he obtenido de ciertos lectores de periódicos: “comenzando de atrás pa’lante; se avanza más y se ahorra tiempo”-.
Benjamín nos ofrece una interpretación magistral del relato del evangelio de Juan y dejará espacio para que cuatro conocedores del relato comenten el libro. Un ejercicio divertido podría ser el de hacer un comentario a los comentarios sobre el comentario que hace el autor al texto bíblico. Sería divertido e ilustrativo de aquellos elementos de la memoria y la imaginación de que hablaba Jorge Luis Borges.
El primer comentario aparece en la contraportada. En cuatro párrafos, el profesor Luis Rivera Pagán, uno de los teólogos puertorriqueños más respetados – junto a Samuel Silva Gotay- produce una hermosa e inteligente sintesis del libro. Además, ubica a Benjamín Santana en la tradición literaria evangélica puertorriquña junto a autores como Domingo Marrero, Ángel Mergal, Miguel Limardo, Juan Marcos Rivera y Moisés Rosa Ramos, entre otros. Si alguien desconoce quiénes son estas figuras, debería preguntar a los maestros de Escuela Dominical de su iglesia. La búsqueda de esa información les conducirá, sin duda, a una mayor comprensión de la literatura evangélica ( o de la literatura, en general) y a un mayor entendimiento de la fe. A esta búsqueda de estudio y conocimiento deben sumarse los nombres de; Ángel Luis Gutierrez, Carlos Martínez y su esposa Emilia Barrios, Julio Rivera, Lucas Torres Román, Otoniel Rosa Martinez, Victor Padró y Efraín Cruz, mencionados todos estos por el autor a través de los capítulos. Su familia más próxima ya ocupa el lugar de la dedicatoria del libro, pero sus dos abuelas, quienes iniciaron su genealogía evangélica, también son, para el autor, memoria fundamental junto a la metáfora del pozo, tan esencial  en la teología y en la literatura.
Decimos genealogía, para traer el recuerdo de una fraternal discusión evangélica donde señalábamos las razones del por qué nos hacían tan felices y nos maravillan las expresiones de alegría y sobrecogimiento de un hermano recién convertido, expresiones que venimos escuchando desde niños. Pues resulta que cohabitan en la Iglesia, los hermanos recién convertidos, los que sí habían oído del evangelio, pero no lo habían experimentado…hasta que un día llega ese llamado nunca antes sentido y les envuelve como un remolino de utopía nueva. (Entonces las expresiones más simples se  llenan de profundos significados.) Estos convertidos existen   junto a los que como Benjamín provienen de padres o de abuelas que una vez se convirtieron. Somos los que vamos creciendo, dentro de  las entrañas de la fe. Adquiriendo una memoria de eventos como herramientas que van interpretando el evangelio. Entonces este crecimiento no termina. Sobre este particular nos advierte el Rvdo. Gamaliel Ortiz Guardiola:“Este libro no es para el autor un canon cerrado, acabado, sino por el contrario, una propuesta abierta, una cartografía de arranque para provocar y motivar que el texto sagrado nos siga interpelando, nos continue ayudando a encontrar respuestas. Invita a que esas respuestas a su vez, sean el genesis de otras preguntas con sus subsequentes búsquedas como quien no pretende haberlo alcanzado ya, sino que prosigue al blanco de la soberana vocación…” Para ser pastor hace falta esa inmersión en la biblioteca de la experiencia religiosa, que puede ser extensa o breve, dependiendo de, sumada a la capacidad de memoria, la capacidad de imaginación y la de crear estructuras metafóricas. Para ser escritor del tipo que Borges insinúa, no hay que ampliar la biblioteca; tal vez, aunque no siempre es el caso, sí la memoria y la imaginación. Mi pastor, me refiero al Rvdo. Gamaliel Ortiz Guardiola, toma nota, además, de aquella parte del libro llamada Manifiesto, que es una de las evidencias de porqué estos ensayos se acercan al relato. Porque además de atender un relato bíblico, todo libro hecho con alma, con pasión evidente, sea de ensayos o de poemas, es, en el fondo, una autobiografía. Lo que allí se contiene son los latidos de la existencia de quien los plantea.
No obstante, este libro no está  dirigido al tradicional creyente evangélico. Sucede que otra gente existe. Sucede que la Iglesia Discípulos del Bo. Pájaros -ahora más poblado que hace cien años- ha estado presente en la vida del mismo.  Ha dado laicos y pastores de pensamiento profundo y, a su vez, también descendientes de miembros de la iglesia, que aún perdiendo el rumbo, todavía dicen, cuando se les pregunta sobre su fe y sin haber asistido una sola vez en su bendita vida a un culto: “Yo soy Discípulos”. Como una pertenencia folklórica. Como si se pensara; si en mi barrio la mayoría da la impresión de ser Discípulos, pues yo también lo soy. Es importante saber para quien fue escrito el libro que leo y para quién escribe un autor. Esto uno tiene que investigarlo mientras lee. Es el rol del lector. Algo que parece que nos ahorraremos con este libro, pues, … cito de la Introducción del autor “He escrito para tender lazos reflexivos, lo mismo con cristianos protestantes que con católicos, y aún con aquellos que respetuosamente considero “amigos de la frontera”. Para mí, uno de los grandes aportes de este libro es que hace de un relato bíblico un tema literario actual. Ese acercamiento de Jesús a una mujer, esa discusión entre géneros, entre linajes, de lugares, de creencias, no es que sean dignos de un drama literario; es que son el drama mismo, un drama que se documentó hace miles de años y alcanza en la actualidad, por la mirada y la imaginación de un autor, una viveza atractiva única. Casi como leer una novela tan breve como lo es Pedro Páramo, donde hay quienes se dan cuenta que se trata de una novella de muertos en la página 17, otros lo hacen en la página 42 y otros no se percatan de ello hasta el final…. También hay quienes jamás se enteran.  En este drama, el comentario gardea tan de cerca al mismo texto, -el comentario va considerando los hechos y la expresion, el contexto– de tal modo  que con casi exactamente el número de páginas que la única novela de Juan Rulfo  sentimos su narración: el planteamiento del tema, el desarrollo de la trama, el climax y  la conclusion del drama actual de nuestra sociedad.  Claro que aquí, el tema es la vida …que se transforma, que crece y se derrama sobre el que aprende a leer como Dios… Jorge Luis Borges daba gracias a Dios, en un poema, diciendo por el amor….que nos permite ver a los otros como los ve la divinidad… y el profesor  Ediberto López  nos deja esta  otra versión de esta relación entre mirada de Dios y el conocer del hombre cuando nos dice “Conocer a Dios es atreverse a ponerse los espejuelos de Dios que ve distinto a los antivalores de la realidad nuestra”. Esa lectura incluye el mapa hacia donde se dirige la voz. Los comentarios de Ediberto han sido, desde mi humilde entender, más útiles que las fechas y la mención de autores y géneros literarios y pudieron extender al libro La fuente junto al pozo, por cuatro maravillosas páginas más.
No obstante es evidente que en este libro, en su hechura intelectual, hay un diálogo entre la religion y la literatura. No es que la literatura o  el pensamiento literario o poético pregunte y los textos bíblicos nos den las respuestas. Es que también los textos bíblicos abren espacios que dan sentido a la reflexión literaria, el texto da que pensar.
Lo que decimos es que aquí se nos presenta el texto como una metáfora. Tal vez toda la escritura lo sea. Se ha pensado que la fe no necesita de los textos literarios, pero los textos bíblicos son literatura y han influido universalmente sobre otras literaturas. El pensamiento religioso es autónomo, pero vive en relación con lo que no es, necesariamente, pensamiento religioso; con la ciencia y con la literatura. Porque la religion, la ciencia y la literatura dan que pensar. La experiencia religiosa supone una revelación. Una revelación de los otros, de los textos, de la vida humana, de los problemas científicos, politicos, etcétera. La propuesta es que hay que dejarse cuestionar por los espacios de interrogación, por todos, sin dejar ninguno. En esa aproximación sucederá lo que ocurre con este libro; aprenderemos que los textos bíblicos,- aún hoy, en los tiempos de la tecnología más avanzada, de las crisis económicas y políticas y espirituales y literarias- el texto bíblico da que pensar en torno a la acción, el compromiso, la justicia, la capacidad de obrar o la responsabilidad. Este argumento va dirigido a “los de la frontera”, pero mientras esto sucede, mientras el no creyente atiende estos planteamientos y se siente atraído, como ya a empezado a suceder, por el drama actual que allí se levanta, el creyente, el heredero de la fe, reaprende los conceptos del Don de Dios, de las Cisternas Rotas y de los caminos obligados que había olvidado, porque fueron conceptos que se plantearon-originalmente- a no creyentes. Sería posible aquí una pregunta para el cuestionamiento, como nos ha enseñado el autor. ¿Es necesario hacerse increyente para poder leer como Dios?  Lo que es necesario es un ejercicio de auténtica empatía con aquel otro que busca y necesita, que nos permita ver cómo nos ven y cómo se ven las escrituras desde otra perspectiva con menos taras y prejuicios institucionales y exclusivistas.
El prólogo del libro es, como es de suponer, también una reflexión sobre el mismo. Aquí las primeras expresiones son las de reconocer que se está frente a una gran revelación como escritor, como aquel que insiste en “verdades” aún en contra de postulados. Son las expresiones con las que comenzó este libro, pero, como lo hemos atendido de atrás pa’lante, nos servirán como conclusion de estos comentarios periferales. La ilusión democrática llama el Dr. Ángel Rosa a aquel sistema imperante, en la sociedad y en la iglesia, que se empecina en repetir- a la trágala- como únicas, alternativas de otros tiempos y lugares para la interpretación de la fe y de la vida. La tradición en la que nacimos y crecimos no puede ser entendida como tradicionalismo, como algo opuesto a la crítica, debe ser entendida como una estructura de continuidad histórica y, por lo mismo, de innovación y de creatividad.
Veo en este libro, una rehabilitación de las fuentes bíblicas como textos que hacen pensar.
Una vez tuve una discusión póstuma con una frase de Moisés Rosa que finalmente me derrotó. La frase está en unas notas previas a su poemario Álbum de Casa: un libro poco conocido en Puerto Rico, que exige una mejor edición nueva y comentada. Decía nuestro siempre querido y recordado poeta y ministro, que había aprendido con T.S. Eliot, a ser un imitador. Me costó meterme con T.S. Eliot y con otros escritores para aprender que el imitador al que Moisés se refería era algo distinto a lo que yo siempre había pensado. Aquí en el libro de Benjamín Santana hay una frase que aún no puedo tragar. La menciona mi pastor en su reacción. Se encuentra en aquella parte titulada Manifiesto. Dice: “Pero busco todavía entender a cabalidad el nombre por el que Dios me llama”. Querido hermano…y pastor… y amigo.  Allá en el libro del Éxodo, cuando las tablas de la ley fueron rotas por un arranque de indignación del mismo Moisés bíblico, Dios le solicitó a aquel conductor hacia la liberación de un pueblo que el mismo las escribiera. En diferentes momentos de desorientación del pueblo y de su remanente más cercano a Dios, los relatos bíblicos nos presentan al Espíritu de Dios, exigiéndole al profeta que escriba. Ahora bien, por la mirada compasiva e inteligente que emana de este libro, que redarguye y orienta a nuestra sociedad y al propio pueblo de Dios hacia la dirección donde se encuentra el agua que salta para vida eterna, más allá de la solicitud unánime de estos cinco comentarios, ahora que te acercas a la jubilación pastoral, nos parece sentir al Espíritu decir…. Benjamín Santana Santana… !Escribe! Los campos están blancos para la siega…como páginas limpias esperando su razón de ser. Es el nombre por el que Dios ya te está llamando. ¿Amén? !Dios les bendiga!
*
Comentario pronunciado, durante la presentación del libro La Fuente junto al pozo del Revdo. Benjamín Santana Santana,  el viernes 15 de marzo de 2013 en el templo de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) del Bo. Pájaros en Toa Baja.
 
    

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