HUERTOS CASEROS

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marzo 27, 2013 por La Vieja Noche

” Las flores son petulantes y sólo hablan de si mismas. Y no se entregan a mi boca…

HUERTOS CASEROS

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José Augusto Acevedo

Con o sin permiso de las flores, soy casero de mi huerto de plantas de recetario, que sirven de ingredientes para aderezos exultantes.  El conocimiento unidireccional entre las plantas y yo se desarrolla bastante bien.  Sé qué son y sus reacciones: hojas, o  pétalos, la espiga, y el tallo, y qué les sucede si  no las abono, o como se condenan  si no las bautizo diariamente con las aguas benditas de mis pozos rebosantes de cloruro.  Aunque mi curiosidad no sea recíproca ante algunas, me inclino, y frente otras, levanto la cabeza.

No se ofenden, pero si se ofenden las flores, no me importa. Es que  las plantas tienen tantos nombres como gustos para mí: recao, ají dulce, romero, zanahoria, gandul verde, calabaza, aunque yo no tengo nombre para ellas.  Eso si, las plantas y yo, somos pasajeros de un mismo viaje. Y se conversa, se intercambian observaciones, aunque sea sobre el tiempo que nos inventamos  o las estaciones que se cruzan escondidas por la testarudez de nuestro Sol.

Las flores son petulantes y sólo hablan de si mismas. Y no se entregan a mi boca.  Las plantas y yo nos engullimos y de alguna manera nos escuchamos. Muchos temas nos unen: sobre las mismas estrellas que nos tienen a su alcance, sobre lo odioso de vernos marchitos, y el hecho de que arrojamos sombras bajo las mismas leyes.  Intentamos saber algo, cada uno a su manera, y aquello que no sabemos, también es parecido.

Les aclaro, como puedo, cómo es eso de mirar con ojos, para qué late mi corazón y por qué mi cuerpo no se enraíza, pero regresa a la tierra que nos traga solidariamente.

Pero ¿cómo contestar a preguntas no formuladas, si además se es alguien tan nadie para ellas?

La virtud pintora de los matorrales, todas las fincas que labro con mis sueños, la frustración de mamarme un país plantado en cemento armado, y el etcétera de interminables preguntas en mi monólogo, que no escuchan.

La conversación con mis plantas es imprescindible e imposible. Y es urgente, si. Porque en este país apurado y aplazado para nada, insisto en sostener una vida vegetal.  Fotosíntesis que sana y reaviva mis sentimientos más verdes.

2013 José Augusto Acevedo, por lo que se, y han podido averiguar  fuentes de La Vieja Noche, es puertorriqueño que no gusta del heroísmo suicida; ” ateo, anticlerical, capitalista con remordimientos, y tan cínico como Diógenes”, a quien la escritura sirve como refugio terapéutico donde expresa lo que siente y piensa sin odiar el escrutinio.

Información adicional, ya lo irán conociendo. Así que, por ahora, paciencia.

NOTA: crédito fotos, www.miprv.com

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