El final de la propaganda

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abril 8, 2013 por La Vieja Noche

…la propaganda se ha servido y aún se sirve de un un cocktail de mentiras, para alimentar una estructura de comunicación transmediática que se manipula y se reinventa para sostener las estructuras de poder.

El final de la propaganda

022-consumismo

 

José Augusto Acevedo

He sido publicista por mucho tiempo.  Tanto, que no termino de aliviar la culpa de haberlo sido.  Fui agente instrumental para la contínua e insistente protección de las sofisticadas armas que tiene el sistema dominante –capitalista, consumista y muchas veces fascista- de perpetuarse en la mente de nuestra sociedad, de una forma consciente y sistemática.  Y eso que denuncio se llama, propaganda.

Por supuesto, los marketingeros y nuevos publicistas, además de algunos viejitos ejecutivos coquetos, no aceptarían fácilmente que trabajan en la industria de la propaganda, con una intención controladora. Seguramente nos disparararían un término más “cool” para su autopersuasión.  Pero, la realidad es que son promotores, consciente o inconscientemente, de un sistema socioeconómico y político que, para sobrevivir,  necesita explotar los recursos y riqueza con un afán de lucro impenitente a través de la reducción de miles de millones de personas a una degradante esclavitud consumista.

Tan atrás en el calendario como en el 1928, el gurú del marketing, Ed Bernays,  llamaba a la propaganda, “la ingeniería del consentimiento” y se preguntaba: “Si entendemos el mecanismo y los motivos de la mente grupal, entonces ¿no es posible controlar y regimentar a las masas, según nuestra propia voluntad o sin que ellos lo sepan?”.  Bernays, sobrino de Freud, combinaba la teoría del inconsciente de su ilustre tío con el condicionamiento de Pavlov, y así, ligando los deseos al inconsciente, afirmaba era posible condicionar y hasta predecir respuestas de las masas.  Otro de los intelectuales más respetados fue Walter Lippman.  Lippman creía que la sociedad debía de ser gobernada por “una clase especializada cuyos intereses iban más allá de la localidad”, (algo similar a lo que hoy en día  son los expertos en los programas de TV, los “pundits”).  Por ejemplo, Lippman veía al periodismo como un “trabajo de inteligencia” (no se refiere a que los periodistas deban de ser inteligentes, sino que es parte del aparato estatal de inteligencia), que debe darse en cercanía con los hacedores de la política pública.  La bibliografía es extensa, y la nueva generación de “originales” propuestas y  rimbombantes teorías no escapan de su fundamento capitalista y su intención de manipulación histórica.

En fin, la propaganda se ha servido y aún se sirve de un un cocktail de mentiras, para alimentar una estructura de comunicación transmediática que se manipula y se reinventa para sostener las estructuras de poder.  El gobierno, el sector bancario, el comercio y una buena tajada de sectores de clases privilegiadas, se valen de una forma degradada del talento creativo para perpetuarse en la conciencia colectiva e inducir comportamientos de consumo, materiales y funcionales (“consumo” de bienes, servicios, y/o ideas).

Pero algo está sucediendo.  Las maquinarias políticas tradicionales ya dan indicios de incapacidad para “educar” o movilizar a los ciudadanos. En cambio, el pueblo ya cuenta con bloggers  influyentes, logran difusión a través de Facebook, Twitter o YouTube, consiguen cobertura en los medios electrónicos  y por fin, tiene la oportunidad de hacerse escuchar.  Son formas de asociación política más cercanas (todos podemos ser emisores), que ahora están potenciadas con las tecnologías de la comunicación y las redes sociales.

En fin, la web ha cambiado las reglas: ahora podemos comunicarnos directamente con el público. Hemos ido superando la era de la interrupción. Queremos autenticidad y participación, no propaganda. Los políticos tienen la necesidad forzosa de involucrar a los ciudadanos. Estamos más cerca de una “democracia directa”.

Parece que las acciones unidireccionales centradas en el universo estrecho de los partidos, o del ego de los candidatos y sus “estrategias de comunicación pública”, ya no interesan al gran público.

Ha llegado la hora de la conversación.  Llegó la hora de conocer, entender y maniobrar a favor de esa ola de poderosa autogestión que inunda las comunicaciones electrónicas. El objetivo es claro: reclamar el derecho a vivir en libertad, de curarse, de educarse, y de tener una vejez asegurada.

Yo quiero ser parte de eso.  Y te exhorto a ti, que me lees, a que te unas, militantemente, pero de forma responsable y madura.

NOTA: crédito foto, www.taringa.netblogs.gestion.pe

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