EL MATRIMONIO ES UNA “MARICONERÍA”

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abril 15, 2013 por La Vieja Noche

” No se asuste, ni se indigne, NI MUCHO MENOS SALTE A CONCLUSIONES y siga leyendo… En Puerto Rico, el matrimonio se define y re-define como nos da la gana. Nos importa un pepino angolo los papeles.”

EL MATRIMONIO ES UNA “MARICONERÍA”

matrimonio-gay

No se asuste, ni se indigne, NI MUCHO MENOS SALTE A CONCLUSIONES y siga leyendo…

José Augusto Acevedo

La cama es privada. La distancia permitida entre dos bocas apasionadas dentro de una colindancia sentimental, o el juego fogoso y sin reglas entre dos órganos genitales, es prerrogativa de los seres que se aman. Y repito “se aman”, porque, personalmente, creo que el amor es ciego a cualquier variable real o imaginable, incluyendo la identificación sexual. Dicho de otro modo: me parece que nadie debe ni puede oponerse al ejercicio libre y voluntario de ser, hacer y deshacer de un individuo. Por lo mismo, me uno a los que creen que el carácter personal, familiar, y social de los actos de la comunidad LGBT debe estar protegido constitucionalmente.

Pero si hablamos de libertad de ser, hacer y deshacer, entonces hay que concederle el derecho a la disensión, a aquellos ciudadanos que no creen en el reconocimiento e inclusión del matrimonio “gay” en nuestra Constitución.

Está meridianamente claro que los medios masivos de comunicación social le dan amplio espacio y tiempo a la militancia homosexual, en su interés en deslegitimar cualquier intento de oponerse al matrimonio homosexual. (Pero, cuidado. Esa militancia, no responde necesariamente a la adopción de una conciencia social progresista, sino a mera estrategia de mercadotecnia: la adopción plástica de un consentimiento ideológico con las minorías beligerantes. La fricción cultural vende. El periodismo neoliberal se nutre del antagonismo de las fuerzas reaccionarias y revolucionarias supliendo su lujoso plato mediático para luego ofrecernos un menú de lecturas de consumo “a la carta”. Es algo así como una intención veleta que se mueve al paso de los vientos… la ruta no importa, es la ruta misma por ser ruta…).

Ciertamente, parte de la hostilidad militante contra los que no creen en el matrimonio gay es el argumento de que imponen sus creencias religiosas a los demás y que impiden el reconocimiento de derechos civiles para todos. En ese sentido, hay que estar totalmente de acuerdo con el sector gay. Sobre todo, cuando se utilizan argumentos religiosos, que son siempre una mentira. Y por supuesto, la sociedad progresa, y en su evolución constante debe adoptar el compromiso de superar las barreras discriminatorias contra cualquier sector marginado. PERO, HAY QUE HILAR FINO…

matrimonio-igualitario

Me parece que todos, indistintamente de las posturas a favor o en contra de la institucionalización del matrimonio “gay”, aceptamos y promovemos que las personas homosexuales registren públicamente sus amistades íntimas como uniones de hecho en el marco de la protección de la seguridad social; pero donde se tranca el bolo es en el reconocimiento de esas uniones como “matrimonio”, porque es un asunto mucho más complejo.

Sin apasionamiento histérico, sin arrogancia protagonista, sin la gritería tapaboca de la peor intolerancia, sin la mediación del dios de las iglesias, me interesa traer a la mesa del diálogo racional una serie de argumentos interesantísimos en contra del matrimonio gay, esgrimidos por diferentes sectores de oposición:

1. Los homosexuales, pueden casarse, y no es discriminatorio que muchos prefieran no hacerlo. Los homosexuales pueden casarse con los mismos derechos y obligaciones que los heterosexuales. Es decir, sólo con otra persona del sexo opuesto y que tenga cierta edad y dé su consentimiento. Que un homosexual se queje de discriminación porque no le dejan casarse con alguien del mismo sexo es como si un polígamo se queja de discriminación porque no le dejan casarse con varias mujeres, o un bi-sexual con varios y varias a la vez. No hay discriminación: la ley es igual para todos y la sociedad tiene un modelo de matrimonio que ha demostrado su eficacia durante siglos. Eso, ciertamente, no se debe despachar ligeramente ni mucho menos, debe menospreciarse.

2. Ninguna civilización ha implantado el matrimonio homosexual. Incluso sociedades que permitían la homosexualidad y hasta la fomentaban en ciertas edades y clases sociales, como los griegos antiguos, entendían claramente el matrimonio como la unión estable entre un hombre y una mujer abiertos a tener hijos. Una cosa eran las prácticas sexuales de los ciudadanos y otra muy distinta la familia y la generación y educación de hijos. La homosexualidad ha adoptado muchas formas en distintas sociedades, pero nunca se le ha relacionado con el matrimonio. Esa experimentación con el modelo social del matrimonio se realiza por razones ideológicas de rechazo a la conformación histórica de la familia y no por razones científicas y ni siquiera de demanda social, puesto que la inmensa mayoría de la población mundial está en contra o prefiere mantener su estilo de vida heterosexual.

3. No existe el gen homosexual. El homosexual no nace, se hace. No se ha podido demostrar científicamente que la homosexualidad esté ligada a la herencia genética o que la tendencia a ser homosexual esté determinada desde el nacimiento. Sí se ha demostrado -y es defendido por un amplio y respetable sector científico- que la prevalencia de la tendencia homosexual obedece a factores ambientales y está condicionada por la propia psicología y la educación. Cualquier persona, en su pleno ejercicio de la libertad, puede realizar actos homosexuales si quiere y cualquiera puede también dejar de realizarlos. El homosexualismo insiste en el carácter innato de la homosexualidad para defender que se trata de un hecho natural, sin embargo la ciencia nos dice que la homosexualidad es humana no porque sea genética sino porque es influenciable por el ambiente y por las propias decisiones.

4. Para evitar abusos contra -y entre- homosexuales o el desamparo legal, no hace falta aprobar el matrimonio homosexual. Casi todos los beneficios de un matrimonio a nivel de herencias, transmisión de bienes, propiedades compartidas, etc., pueden regularlo dos o más personas con acuerdos legales ante notario, independientemente de que tengan relaciones sexuales. De hecho, no pocas parejas homosexuales realmente interesadas en estos temas ya han establecido acuerdos así.

5. Legalizar el matrimonio homosexual establece un cierto agravio con las personas que viven juntas sin relaciones sexuales. Dos ancianas que viven juntas, tres hermanos en una casa, cuatro amigos que comparten piso desde hace varios años, tienen una relación con afectividad, compromiso y convivencia igual que puedan tener dos homosexuales. Sin embargo, se ven privadas de las ventajas legales del matrimonio gay PORQUE NO PRACTICAN SEXO ENTRE ELLOS. El matrimonio gay en realidad premia a los practicantes de cierto tipo de sexo, privilegiándoles sobre otras convivencias afectivas y estables.

6. Legalizar el matrimonio homosexual también establece un agravio comparativo con los polígamos o “multi-amorosos” y con cualquier otra combinación numérica. De hecho, contrario al matrimonio homosexual, la poligamia tiene una larga tradición en numerosos países y sociedades, incluso en nuestros días. Si casamos a dos hombres, ¿con qué argumentos impediremos a ciudadanos islámicos que no se casen con dos o más mujeres? ¿Puede un emigrante pedir que reconozcan a sus tres esposas? Y si se argumenta aduciendo razones culturales, entonces doy otro ejemplo: Un hombre está casado con una mujer, madre de sus hijos, y la quiere y no desea separarse de ella; pero es homosexual, y tiene una relación pasional con un hombre. ¿Por qué esconderlo? ¿Por qué no casarse todos entre ellos? Así, los niños tendrían dos papás, que siempre es mejor que uno.

Esto último no es un chiste de mal gusto. De hecho, en algunos ambientes homosexuales en Puerto Rico, esto último se practica consensualmente. Lo que falta es que “salgan todos del closet” y pidan la aprobación de lo que se podría denominar poligamia bisexual. En otras palabras, cuando el matrimonio deja de ser lo que es, entonces puede re-definirse para ser cualquier cosa. Y si es cualquier cosa, es hora de reclamar un MATRIMONIO ABIERTO.

Con esto no pretendo esgrimir argumentos para incitar discordias. Sólo reclamo un espacio respetuoso a la disensión y al diálogo. Y es que, esta controversia no está ajena de sus propias relativizaciones; hay gays opuestos al matrimonio entre personas del mismo sexo, o desinteresados en el tema, y hay heterosexuales que promueven el matrimonio gay, y un gran sector de ciudadanos silentes, o alienados en la cotidianidad.

Interesantemente, tengo una amiga psicóloga lesbiana que asegura que la sexualidad, como cualquier actividad humana, puede evolucionar en el orden de las orientaciones sexuales, afectando la propia conciencia de la individualidad o identificación sexual. De tal manera que una mujer lesbiana, podría experimentar una atracción inusitada por el sexo opuesto por factores emocionales o ambientales.

De un lado y otro podríamos encontrar planteamientos provocadores, o argumentos con el poder de de- construir opiniones que se creían invencibles, como también discursos banales y tonterías argumentales. Particularmente, me atrevo a manifestar que el tema, en gran medida, se reduce a una petición romántica cargada del más tradicional de los imaginarios culturales. En Puerto Rico, el matrimonio se define y re-define como nos da la gana. Nos importa un pepino angolo los papeles.

Si llevamos el reclamo de los sectores pro-matrimonio gay a sus últimas consecuencias entonces yo digo que redefinamos el matrimonio constitucionalmente, para que sea entonces, TOTALMENTE IGUALITARIO, inclusivo, abierto y progresivo. Si vamos a ser un pueblo de mentalidad “de avanzada”, pues seámoslo de verdad.

¿Qué tal si modificamos el Artículo II de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, y añadimos en la sección #20, una nueva disposición, cuyo texto sea…?:

EL MATRIMONIO ES UNA INSTITUCION CIVIL QUE SE CONSTITUIRA POR LA UNION LEGAL DE SERES HUMANOS QUE LIBREMENTE ASI LO CONVENGAN Y EN CONFORMIDAD CON SUS PROCEDENCIAS SOCIALES Y ECONOMICAS, DENOMINACIONES RELIGIOSAS O CULTURALES, O JURISDICCIONES.

Pero claro, de nada vale este último y evidente cinismo, porque, al final, será el poder político y económico, o las consabidas influencias mediatizadas, las responsables del cambio que se proponga o la reafirmación de la llamada “institucionalidad”.

Yo tengo una solución sencilla (que me dio mi compañera, Inés) a un conflicto complejo por haber sido a-complejado (jeje): al carajo el matrimonio. Que nadie se case. El matrimonio es una “mariconería” de los “gays” y de los heterosexuales. PORQUE LA VIRTUD O DEFECTO QUE SOPORTA EL TÉRMINO, “MARICÓN”, NO ES POR AFEMINADO, SINO POR PENDEJO. Y hay pendejos de uno y otro lado. Y hemos sido todos “maricones” alguna vez. Pregúntenle a los divorciados.

De hecho, estadísticamente, la tendencia apunta a un rechazo firme y activo al matrimonio institucional por una unión libre y soberana. La independencia del amor es la consigna de nuestros tiempos. El principio es que todo el mundo se acomode a la realidad de la primacía del corazón sobre las leyes y los gobiernos temporales y eclesiásticos.

Mi abrazo a la diversa amalgama de amigos que me honran con su aprecio y cariño, yo los quiero a todos, no importa con quien o quienes compartan la cama.

NOTA: crédito fotos, www.almamaterradio.comwww.datamonitor.it;eldiario.com.uy

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