Hoy mi deber… más que una canción

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mayo 1, 2013 por La Vieja Noche

Hoy se conmemoran dos hechos importantes y trascendentales que afectaron, influenciaron la manera de cómo vemos las cosas hoy y la posibilidad de un nuevo amanecer en nuestras luchas:

Hoy mi deber… más que una canción

Tomás L. Vargas/Editor/Director, laviejanoche.wordpress.com

Hoy se conmemoran dos hechos importantes y trascendentales que afectaron; influenciaron la manera de cómo vemos las cosas hoy y la posibilidad de un nuevo amanecer en nuestras luchas: el Día Internacional de los Trabajadores y la Salida de La Marina de Guerra de los Estados Unidos de la Isla Nena, Vieques.

Pero la posibilidad del nuevo amanecer sólo será posible si cambiamos, todos, y bajamos de las viejas torres de marfil. Y es de aquí en adelante, al intentar hilvanar lo que pienso y siento que voy a -o citaré, según amerite- parafrasear algunas expresiones de Saramago sobre política y partido.

Sin importar mi grado de militancia político-partidista durante cuarenta y pico de años, aunque fuí lo que llaman un militante disciplinado, siempre tuve y expresé mi opinión y alguna dificultad para encajar en ciertas decisiones. Y aquí citaré directamente de Saramago: “La palabra más necesaria en los tiempos que corren es no. No a muchas cosas, no a una serie de cosas que me abstendré de enumerar”. Están escritas en una novela inédita, Las Memorias de Nicodemo. “Disentir es un acto irrenunciable de conciencia”, ha dicho el escritor y creo firmemente en ello. Tengo referentes de tantos y tantas, incluso en lo religioso la mayoría de mis amigos y compañeros son cristiano-creyentes; los ateos solemos ser de lo más tolerantes. Y cuan creyentes prácticos son mi familia y el amor que me acompaña y velado mi sueño los pasados diecinueve años, mi querida Rosin. Me gustaría tener su fe y la de la abuela Yita, o la fe más citadina de mi amiga y hermana, María Cecilia.

Aunque algunos, y ciertas cosas, no son lo que fueron o imaginé, sigo siendo lo que siempre he sido: un socialista que cree y lucha por la independencia de mi país. Los que me conocen “saben que sangro por dentro, a todas horas”. Citaría al escritor diciendo: ” Soy, en carne y espíritu, un grito de dolor e indignación”. Tengo serias diferencias sobre puntos muy importantes con la dirigencia del partido en el que he estado siempre; pero todavía armonía suficiente en la mayoría de las posturas que asume en su proyecto político. Prefiero que a mis compañeros, mis camaradas de lucha (todavía siento gran respeto por el significado de esas palabras), “les guste aquello que hago, pero si, por casualidad, no les agrada, paciencia… “. Soy de aquella vieja escuela de cuadros, no traiciono a los míos; vengo de cierta gitanería de barrio. Por ello hoy, entre todos los que contribuyeron a uno de los triunfos que hoy celebramos, de entre todas las tendencias políticas, civiles y religiosas, honor a quién honor merece en el gran logro de sacar la Marina de Guerra de Vieques, aunque quede mucho por hacer: Mis saludos, Rubén.

BIEN VALEN UNA MISA

(Pessoa, Vallejo, Forrester, Vieques y la niña de Benin)

“No me es posible dividir el día en 24 horas,/ o mejor, en 12 horas. /Mis días unas veces tienen media hora, /otras tres, otras mil”

Como todos los domingos, a las seis y quince de la mañana, un bizcochito –duro para variar- y algo que solo en una prisión gringa como esta pueden llamar café. A las 11:30 el encierro en las celdas para el conteo de fin de semana o días feriados que al igual que el conteo regular de las 4:00 pm requiere, en la celda, permanecer de pie junto a la cama. No se permite estar parado frente a la puerta de la celda obstruyendo la visibilidad al interior. Cualquier violación a este procedimiento conlleva sanciones, incluyendo segregación disciplinaria. Al mediodía el brunch: tres huevos duros, avena, pan y jugo.

      Samuel hace su calistenia en la celda antes de salir al pasillo a caminar el número de vueltas equivalente a dos millas; ciento veintitrés pasos cada vuelta. Al parecer uno de los secretos para lograr pasar los días lo más llevaderos possible es mantenerse ocupado todo el tiempo. Tengo que internalizar que “el presente es cosa de poco, se está yendo”, como dice un amigo vasco casado con una compañera independentista de la familia Domínguez de Canóvanas.

      Estaba absorto en la lectura de uno de dos libros que tuve la grandísima fortuna de encontrar entre novelas de Grisham, Graham Green, García Márquez, Raymond Chandler y otros: Antología Poética de Pessoa.

                          Algunos tienen y es sufrir la duda:

                         ¿Hay Dios o no?  ¿Existe el alma o no?

                         Más yo no dudo: ignoro. Y si el horror

                         de dudar es tan grande, el de ignorar

                         ni entre los pensamientos tiene nombre.

 

      La lectura de este fragmento del Temor de la muerte (habla Fausto), y el leer más adelante detalles de la vida del poeta heterónimo portugués me mantenía ocupado. Entre la lectura y el hacer anotaciones transcurre el tiempo.  El otro libro: César Vallejo, de Neale-Silva, que hace énfasis en el Vallejo cuentista lo disfruto en las noches, poco a poco, con ligeros intervalos.

      Aquí, precísamente, aquí, en una cárcel federal a través de lecturas encontré voces esperando tornarse audibles, salir a flote; aprovechando mi necesidad de leer y ocupar así un lapso de tiempo, que de lo contrario, la ociosidad tendrila el poder de detener cual manecillas oxidadas de un viejo reloj que ha pasado largas e incontables noches frente al mar.

      Recordé mientras escribía estas notas, a qué se refería el protagonista de una película vista hacía algún tiempo, Finding Forrester (interpretado por el actor Sean Connery): “Esperé el invierno de mi vida para ver que había pasado la noche anterior” en la carta que le dejara al joven estudiante negro, oriundo del Bronx, Jamal Wallace, de quien se había convertido en tutor y amigo.

       No estaré en el invierno de mi vida (hoy que recreo estas notas es otro cantar) pero, aquí y ahora, con el cabello entreverado de canas, prematuramente envejecido, dispongo de un tiempo que aprovecharé al máximo para el inicio del inventario de los cincuenta diciembres (ya soy sexagenario) que fueran “mi noche anterior”. Como los Conejos que un mago saca del sombrero o esos pañuelos anudados ahora pero momentos antes diseminados sin ningún orden va surgiendo de palabras que recién descubro el reflejo de vida de quien apenas comienzo a conocer como a nadie: a mi mismo; mi propia vida. Manifestándose en aquellos escritos, siglos de historia, filosofía, lineamientos éticos claves para conocer el hoy y prever el mañana.

       Eddie, frente a la entreabierta puerta de la celda me grita:

    -¡Hey man! You feel good or you filtrafa?-, estoy de monaguillo llamando a misa de puerta en puerta porque no hay campanas en esta iglesia -añadió mientras continuaba hasta la celda donde se encontraba Paky.

       El padre López oficiaba el principal ceremonial del culto católico: La Misa (según la tradición, en este caso, sacrificio del cuerpo y la sangre de Jesucristo que hace el sacerdote en el improvisado altar). Habiendo repartido entre los presentes un pequeño misal daba comienzo el servicio religioso. Una ceremonia sencilla, lecturas y cánticos acompañados por una vieja guitarra a la que el sacerdote arrancaba notas de inconfundible ritmo latino.

       -Lectura del Evangelio de Lucas, el apóstol: “El sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba una parte del grano cayó al borde del camino, la pisotearon, y las aves del cielo se la comieron. Otra parte cayó sobre la roca y después que brotó, se secó por falta de humedad. Otra cayó entre espinos, y los espinos al crecer la ahogaron. Otra parte cayó en tierra buena, creció y produjo el ciento por uno.” Y al terminar Jesús clamaba: “El que tenga oidos para oír, oiga” (Lc.8.5) Palabra de Dios –y continuó el sacerdote-. El evangelio ha recordado la explicación de Jesús referente a los terrenos en que cae la semilla. Pero había mucho más que explicar. Y primeramente los creyentes debían extrañarse de esta comparación del Reino de Dios con algo que se siembra. A lo largo de la historia sagrada se había sembrado abundantemente y lo que esperaban los contemporáneos de Jesús era una cosecha. Nosotros también, igual que los contemporáneos de Jesús, queremos cosechar, o sea, gozar de los frutos que son la paz social, la justicia y la felicidad. Y muchos se extrañan de que veinte siglos después de Cristo los hombres sigan tan malos. […] Las personas, … la gente va madurando, de mil maneras, y también va madurando la conciencia social. Los hombres toman conciencia de su dignidad y de su común destino, a pesar de que les parezca, cada día más, imposible el conseguir sus metas.

      Entre cánticos, el Padre Cura –así lo llamarían en el Espino- preguntó si alguien deseaba hacer alguna petición.

-Por la paz de Vieques.

-Por la comprensión y fortaleza de nuestra familia más cercana.

-Por la salud y tranquilidad de todos los presos.

Y así continuaron uno tras otro. Rubén Berríos se puso de pié y dijo:

      -Por esta niña de Benin, en África Occidental, porque cumpla su sueño. Ayer, un empleado de esta prisión solidario con la causa de Vieques me facilitó una revista Time. Bajo el título, An awful human trade, leí el triste relato de una niña que fue vendida por sus padres con la esperanza de que encontrara una vida mejor –continuó Rubén-. Dice la niña: I don’t care that I have not been to school, … But I would like to go to church (No me importa no haber ido a la escuela, pero me gustaría ir a la iglesia).

       Este aparente pequeño sueño de la niña parece imposible. La niña es esclava y la obligan a trabajar los domingos.

       -Porque la niña de Benin pueda realizar su sueño – terminó diciendo Rubén.

                                                oOo

      Esa noche en la celda Rubén me habló del Padre mexicano-jesuíta, Francisco Migoya, y me dijo que en parte su pasión por la lectura se debía a que Migoya le asignaba e insistía que leyera las obras de Darío, Martí, Santos Chocano, José Asunción Silva, Vallejo, Quiroga, Nervo…

      Y entonces Rubén recitó fragmentos de algunos escritos de estos y otros grandes de la literatura universal. Salían de sus labios, a borbotones: frases, estrofas, poemas completos…

       -[…] “Tumba, cierra tu puerta, no des entrada al Genio;

       no quites ese faro del humano prosenio;

       déjanos al Pontífice que el cielo nos envió”.

       La Tumba, entre el sonante coro inmenso, callaba.

       El mundo estaba atónito; Francia, madre, lloraba.

       De pronto, el infinito su velo descorrió.

             Y en grupo sacrosanto, Job, Esquilo y Homero,

       Tácito, Juan y Pablo, Juvenal, el severo;

       Alighieri, Cervantes y Rabelais, en la luz

       increada envueltos, todos los genios que pasaron,

       fijos en Víctor Hugo, de súbito, se alzaron;

       y sobre todos ellos se veía a Jesús…“

      Y continuó Rubén con un rosario de poemas… Se agotaron las horas de un domingo más y llegó el sueño… sin darme cuenta.

———————————————————————FIN

Hoy mi deber era estar con ustedes en las manifestaciones y celebraciones. Estoy en MA, aunque espero estar pronto de regreso. Estoy físicamente distante. Y tu, vida mía, me faltas…

NOTA: Bien valen una misa es un capítulo del libro Señal de Primavera, Isla Negra Editores, 2003, escrito tras mi salida de la cárcel federal por actos de desobediencia civil para evitar los bombardeos y sacar la Marina estadounidense de Vieques.

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4 pensamientos en “Hoy mi deber… más que una canción

  1. Edwin Irizarry Mora dice:

    Gracias, querido Tomás, por ese escrito magistral, que me ha llenado de nostalgia. Nadie lo hubiese escrito major, hermano!!! Un abrazo y espero que te veamos pronto acá en tu amado país.

    • Gracias a ti y tu familia por el cariño de siempre, por ser como eres, nunca cambies, eres una de las esperanzas futuras que le quedan a nuestro país. Los años que me queden, que espero sean muchos, seguiré siendo el que soy y he sido, de libre pensamiento y acción, socialista e independentista puertorriqueño. Te quiero mucho hermano, cuidate.

  2. Otho Rosa dice:

    Querido hermano, Perdona todo este tiempo de silencio. Recién acabamos de llegar, en un vuelo que nos pareció interminable, desde Madrid. El viaje inicial, en crucero, desde San Juan – San Martín, Tenerife – hasta Lisboa se llevó a cabo con altas y bajas. Lizzie adquirió una alergia durante todo el crucero, debido al detergente que se utiliza para las sábanas y al final del viaje, en España, adquirió, debido al cambio de temperatura, un resfriado. En el barco, el precio por el uso del internet era un insulto, de modo que nos resignamos a estar des informados de las noticias que se repiten en nuestro país semana tras semana, mes tras mes y año tras año durante 11 días. Ya en Lisboa nos comunicamos con Angel, quien nos informó sobre la muerte de Benny Frankie. Lo lamentamos. Te adelantaré algo de Lisboa: Fuimos al Santuario de Fátima. Te imaginas a todo un evangélico histórico llorando tan pronto puso un pie en la explanada frente a la Basílica? …Una mujer joven se ajustó unas rodilleras…estaba casi a nuestro lado…. y comenzó a caminar de rodillas hacia el santuario, acompañada, de pie, por su esposo. Era una imagen de fe, de la que creemos que se extingue… y de pronto …un gesto… nos dice… !aquí estoy. otra vez, perseverante. Pensamos en ti y en otros que como el mismo Saramago, pese a su discurso antirreligioso, son portadores de fe. Porque tener fe es mirar al futuro con esperanza aunque duela. No que vayan a cambiar las cosas, hermano, sino que uno no cambia. El comentario ya es largo. Luego te llamo.

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