El neoliberalismo y aspectos de la vida cotidiana

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mayo 30, 2013 por La Vieja Noche

Todo era y es “light”, los alimentos, la ropa, las modas, hasta los sentimientos, noviazgos y matrimonios “light” y para desgracia de nuestros pueblos, cierta izquierda también se volviò “light”, para contribuir a la “gobernabilidad” y “estabilidad…

ALAI, América Latina en Movimiento

El neoliberalismo y aspectos de la vida cotidiana

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Tito Villacreses Pincay/ Cultura/  Social/ Política

“Son  muchos  los que están presos y angustiados de necesidad, otros están presos y angustiados  de miedo; así, unos no duermen por la ansiedad de no tener las cosas que no tienen y quisieran tener, otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen”    
                                                                            Eduardo Galeano

El neoliberalismo como ideología y modelo de dominación en nuestra región en su momento de esplendor, aspiró a imponerse como regulador no tan solo de la vida política, económica, social, cultural, sino también de la  vida cotidiana como de igual manera de los entornos naturales. Su implementación  era  y es una especie una receta universal, que no requiere de adaptación a las realidades y particularidades de cada país o región sino a imposiciones invasivas en la vida de los Estados, las sociedades y los individuos.

Entre una de la varias  características del modelo neoliberal era la inseguridad que sufría la población latinoamericana, sin trabajo permanente, con altos índices de violencia social, de empobrecimiento creciente y sometida a una economía mundial cargada de turbulencias, errática, inestable, sin previsiones a mediano y largo plazo. La vida acompañada de una sensación de incertidumbre, no sólo por el futuro económico, sino por las múltiples patologías mentales originadas por  el desempleo, la inseguridad, la escasez de recursos económicos, la angustia, la depresión, las rupturas familiares han estado y están al orden del día. Como dice  Eduardo Galeano: “Son muchos  los que están presos y angustiados de necesidad, otros están presos y angustiados  de miedo; así, unos no duermen por la ansiedad de no tener las cosas que no tienen y quisieran tener, otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen”[i]

Con el neoliberalismo como una etapa más del proceso de dominación y dependencia  a la que ha estado sometida América Latina, la vida cotidiana empezó a ser uniforme, a  formar seres individualistas, solitarios,  sin vínculos con su realidad, con la historia de sus pueblos, rígidos, fríos,  transformado muchas veces, por arte y magia de los mercadólogos,  en “mercancías” o en consumista obsesivo e impulsivo, siempre -“gracias al espectáculo del capitalismo”- al servicio del establecimiento, del orden capitalista.  Esta cultura material de vida, basada en la privacidad, en la vida privada aislada y el consumo de bienes materiales y servicios producidos, fue y es una cultura,  un modo de vida, orgánicos al capitalismo. Este tipo de individuo empezó a tener los rasgos de la mujer y el hombre unidimensional que visualizara Herbert Marcuse.

Cualquier hecho era motivo para canalizar los deseos de escape, de fuga de una realidad donde todo era y es desechable, liviano. De ahí, el nombre de mujer y hombre “light”, aparentemente alegre, con carcajadas casi histéricas que transmitía la televisión. Todo era y es  “light”, los alimentos, la ropa, las modas, hasta los sentimientos, noviazgos  y  matrimonios “light” y para desgracia de nuestros pueblos, cierta izquierda también se volviò “light”,  para contribuir a la  “gobernabilidad” y “estabilidad y fortalecimiento de la Institucional” y  gozar de la aceptación de los èlites dominantes nacionales y extranjeras.

El espíritu de competitividad en el peor de los sentidos se daba no sólo entre los empresarios y dueños de negocios,  sino abarcó también a gran parte de la sociedad civil, a los profesores, alumnos, artistas, escritores y hasta los trabajadores. Creerse un triunfador, tener éxito caiga quien caiga y sobre todo “hacer dinero”, rápido y fácil, parecía ser el “desiderátum” personal en el mundo que estaba creando el neoliberalismo, sin saber con certeza a que puerto debían arribar esta legión de seres humanos que se embarcaron  a inicios de los años 80, en el espectáculo frenético y “light” montado por el neoliberalismo.

dow_jones_25Todo se veía y se analizaba a través de noticias económicas. A tal punto que se iba cayendo en el “reduccionismo económico”, ya que,  en el día se daban lluvias de noticias en TV y en los principales Diarios de los países,  exclusivamente relacionadas “al precio del dólar”, “las tasas de interés”, “el riesgo país”, los “índices Dow Jones”, las tendencias de las bolsas de valores, “la responsabilidad fiscal”, “la apertura de mercado”, “la  reducción del déficit fiscal”  “el equilibrio macroeconómico”,  el “monto de las exportaciones”, “la competitividad“, eran una publicidad repetida constantemente.  El aumento de las inversiones extranjeras era considerado un gran avance por las editoriales de los diarios.

El reduccionismo económico pasó a ser una categoría de análisis del neoliberalismo, precisamente de quienes lo criticaron en el pasado, por entender deformadamente que era la esencia del marxismo.

Acentuación de la alienación

El proceso de alienación ya no sólo fue manifiesto en el régimen de trabajo sino en vastos sectores de la sociedad civil, sobre todo en la enajenación subjetiva por el consumismo, el “éxito” y “el triunfo”; por la droga, el alcoholismo, y cualquier otro vicio que ayudara al escapismo, a terminar con la desesperanza y la insolidaridad.Adicciones

La violencia social, el individualismo, el hedonismo, la lucha de unos contra otros la acumulación de dinero “como sea”, la destrucción del tejido social,  fue y es el pan de cada día en las sociedad marcadas por el credo neoliberal.

Al mismo tiempo, la alienación objetiva, que siempre sufrió el asalariado en el trabajo, la plusvalía, se ahondaba porque el producto del trabajo era cada día más ajeno al productor, dado el acentuado fenómeno de sofisticación laboral.

La uniformidad cruzaba las sociedades latinoamericanas: los mismos zapatos de  “marca”, la misma vestimenta; los mismos estilos de peinados, las mismas películas, las mismas comidas y bares Mac Donal’. Los shopping-malls se convertían no sólo en centros del consumismo y reuniones sociales y de negocios,  sino en lugares de paseo de la familia y de diversiones “light”. Eran la expresión -y de hecho siguen siendo- de un consumismo irrefrenable, alimentado por las tarjetas de crédito.

Los medios masivos de comunicación, en manos de transnacionales asociadas a empresarios de cada país, contribuyeron a crear el ambiente para consolidar el modo de vida de la era neoliberal. Como decía Eduardo Galeano “mienten callando casi tanto como mienten diciendo”. Era la vigencia de la “sociedad del espectáculo, que hacía de  todo “noticia mercancía”. “El individuo, gracias a este limitado y pobre mundo del espectáculo ha marcado en profundidad su formación y retórica, se coloca de entrada al servicio del orden establecido, aunque su intención subjetiva haya hay podido ser completamente contraria a este resultado. Este individuo seguirá en lo esencial el lenguaje del espectáculo, porque éste le resulta el más familiar, es aquel en el cual ha aprendido a hablar. Querrá sin duda mostrarse enemigo de su retórica, pero empleará su sintaxis. Es, sin duda, uno de los puntos más importante del éxito obtenido por la dominación del espectáculo”[ii].

Efectivamente, la TV, la radio y los diarios no sólo desinformaban sino omitían las noticias, sobre todo de movilizaciones y protesta de los Movimientos Sociales contra las repercusiones del neoliberalismo en cada uno de los países latinoamericanos. Mario Benedetti en su momento afirmaba que en los años 1991-92  “el 80% de las noticias, datos y comentarios que circulan en el mundo tienen como causales de difusión 2 o 3 agencias norteamericanas o sus filiales.” Sin duda que el neoliberalismo, por intermedio de sus mercadólogos y el poder mediático,  alteró la vida cotidiana de millones de latinoamericanos, todo lo cual incidió en los rasgos de nuestros pueblos, particularmente en nuestra  juventud. Se desdibujó  la identidad de clase en la medida  en que se impuso un régimen de trabajo que hacía del obrero una simple  maquina de producir sobre explotada y desposeída  de su organización sindical debilitad o destruida, por acción del Estado y los grupos empresariales; la identidad de género empezó a ser debilitada por una orientación neoliberal que introdujo un paradigma de mujer suave, exitosa y no conflictiva. El objetivo fue limar las aristas más filudas del auténtico feminismo antipatriarcal y antisistémico, que en las décadas anteriores fue consolidando su identidad y su conciencia de ser social y político.

Nuestros pueblos y naciones integradas a la economía global, fueron dejando sus prácticas de vida  comunitarias y con su propia identidad para sumir estilos de vida ajenos a nuestra realidad.

Hacia una cultura y vida cotidiana alternativa

Hoy, que en América Latina el neoliberalismo es una ruta por clausurarse, y en donde fluyen vientos y pensamiento emancipadores, es necesario que  esta cultura material de vida,  basada en la privacidad,  la exclusión, la desigualdad y el consumo de bienes materiales y servicios,  como  cultura,  y  modo de vida, funcionales al capitalismo,  sean superados, planteándonos una cultura y vida cotidiana distinta, alternativa, fuera del marco neoliberal capitalista. Recordemos, que ya en la década de los 60, el gran pensador y filósofo lukacs2marxista, George Lukacs, había planteado la necesidad de luchar por la desenajenación de la vida cotidiana, generando un movimiento cuyo objetivo y horizonte  político fuera crear una cultura cotidiana, una vida cotidiana no controlada por el mercado capitalista.

Cierto que necesitamos de crear  ciertas las mejores condiciones posibles de una vida digna : salud, educación, empleo, unos recursos mínimos de vida, aquellos que nos permiten ser libres y autogobernarnos, sin los cuales no podemos dirigirnos en nuestro que hacer y no podemos desarrollar praxis social distinta. Esto implica ir una sociedad justa e igualitaria, que sirva de marco para el impulso de una nueva vida y cultura.

Por ello, es indispensable, que nos sacudamos y emancipemos de la cultura de vida de este capitalismo de consumo que nos tortura y aplasta, y desarrollemos una nueva vida cotidiana autónoma, libre de ataduras, que nos haga sensibles y más humanos.

“La vida es bella, que las futuras generaciones la limpien de toda opresión, de toda violencia y que la disfruten plenamente”

Santa Elena, 17 de mayo del 2013

Tito Villacreses Pincay

Asesor Jurídico de la Federación de Comunas de la

Provincia de Santa Elena, Ecuador

[i] Galeano Eduardo, “El mundo al revés”, Editorial PAIDOS, 1ra. edición, 2004, pág. 48.

[ii] Debor Guy, “La Sociedad del Espectàculo”, 1967. Pàg. 57.

2013-05-20

http://alainet.org/

Crédito fotosarticles.latimes.comwww.telediario.mxwww.ccadicciones.es

manmessias21.blogspot.com

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