El Quinto Verso: (A mi hermana Mari Ceci)

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junio 17, 2013 por La Vieja Noche

Mi querida Mari Ceci, hermana por tantos y tan productivos años, igual a Niní, amiga de asiento fijo en mi corazón; eras patriota ejemplar desde los tiempos en que como dijera nuestro mutuo amigo, profesor y militante independentista, Milton Pabón: ¡Teníamos el partido que queríamos!

El Quinto verso: (A mi hermana Mari Ceci)

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“Quizás esta soledad/ sea palpar horizontes/ donde la noche se cierra/ y andar, a pesar del miedo,/ cuando tantos se recogen/ al abrigo, y la montaña/ se nos viene toda encima./ Soledad no es estar solo,/ es vencer la companía/ que nos detiene y seguir,/ con la mochila del riesgo, / consciente de la frontera/ y el destino de ser hombre.”
                                                 (Quizás esta soledad) Pedro Casaldáliga

Tomás L. Vargas Morales/ Editor/ Director/ https://laviejanoche.wordpress.com

Tras meses de ausencia regresé a mi tierra. Llovía en Boston esa madrugada cuando el avión emprendió vuelo con hora y media de retraso. La escala en Nueva York corrió igual suerte, casi dos horas hasta lograr abordar, y cuarenta y cinco minutos en la pista antes de alzar vuelo. Días antes había recibido la llamada de Jorge notificándome tu partida, querida hermana y amiga. Horas más tarde llamó Mari Clemen. No logro asimilarlo aún, semanas antes de mi viaje inicial a los Estados Unidos por motivos de salud, primero Minnesota, luego Boston, insistías en cuándo nos veríamos y el almuerzo y café pendientes. Quizá algo presentías; eras de las que no es posible dejar atrás, siempre con nosotros y un paso adelante.

Al llegar a mi hogar, muy tarde en la noche, cansado aún por todos los inconvenientes del viaje, quise buscar en la biblioteca, entre las primeras páginas de un libro de los muchos que me regalaste, unas frases que sabía subrayadas en tinta roja por tu mano:

“Lo que para los peces es el invierno, para las personas es la pérdida. Las pérdidas delimitan nuestro tiempo; el final de una relación, la muerte de un ser querido. Cada pérdida es un anillo oscuro en nuestro interior.”

¿Recuerdas? Era el de Kirmen Uribe, Bilbao-New York-Bilbao.

Screen Shot 2013-06-17 at 12.48.45 AMY fue ayer, a partir de la madurez, y esta herida que deja una marca oscura, anoche mientras llovía, que decidí sentarme a escribir, aunque sentía un nudo en la boca del estómago, intentando desde el dolor –parafraseando al poeta–*, que emerja tu rostro flameando al horizonte de cada flor que nazca de mis huesos. Vino a mi memoria que hace algunos años, mientras viajaba en tren del Sagrado Corazón hasta El Deportivo, y por momentos hojeaba algunas páginas de Caín, por aquellos días la más reciente entrega de José Saramago que precisamente me enviaras, por doquier veía esas caras de todas las estaciones y percibía variados humores. Flotaban cansancios, corajes, frustraciones, alivios que (enmarcados en prisas, la epidemia de soliloquios telefónicos, aires de indiferencias, el fracatán de comemierderías, desenfados e irreverencias) resaltaban edades, profesiones y vagabunderías. Cada quien inmerso en lo suyo.

Un mensaje tuyo a mi celular me recordó que ese 1 de noviembre, Avelina, doña Niní, hubiera cumplido ciento siete años. Y sucedió que, como por extraño sortilegio, el tren se detuvo de pronto en la estación de los recuerdos. Y la frase de Antonio Gala, la primera amiga con asiento fijo en mi corazón se me antojó más bella mientras más la pensaba. Hoy cobra en mi vida mayor sentido. Quien iba a prever que tu amor y el de Avelina resultaran amores a primera vista. Claro, entonces no podía saber. A Niní, desde que la vi un martes en la mañana, sentada en su sillón a dos o tres pasos de la puerta que daba al balcón de su residencia en Quito 974, Urbanización Las Américas. Mi dama de otoño resultó ser una mujer de belleza sencilla y aura deslumbrante. ¡De tan exquisito sentido del humor! Hablábamos. Sencillamente, hablábamos. Yo sonreía y las horas caían muy de prisa. Así logró, sin mayor esfuerzo, acercarme a sus afectos, y los míos se rindieron a sus pies irremediablemente. Recuerdo que tejía a ratos, y a ratos leía. Y a tí, María Cecilia Josefa Alejandrina de los Dolores Benítez Noya, una de sus hijos, aprendí a quererte desde el instante mismo en que me brindaste refugio en la calidez de aquel hogar singular  -–donde está el fuego encendido allí esta la casa, decías repitiendo el viejo proverbio– al que iba luego de las maratónicas reuniones en el Comité Nacional del Partido Independentista Puertorriqueño, cada lunes en la noche. Yo viajaba con Armengol Iglesias, miembro de La Comisión Política por el distrito de Mayagüez y Bienvenido Vélez por San Germán. Viajábamos por La Piquiña, no habían construido el expreso de Ponce a San Juan. Y fui quedándome en tu casa, cuando no en casa de David y Carmencita, uno o varios días, en la medida en que íbamos escribiendo la más hermosa historia de hermandad y amistad. La conversación, los cafés con anís y canela, y toda clase de panes y mermeladas hechas en casa, se extendían hasta bien entrada la madrugada en la cocina de Niní, quien nunca me permitió llamarla Avelina, y así fue, estaría rabiando conmigo de imaginarlo siquiera.

Allí transcurrían las horas entre poesías, referencias a discursos de Rubén, Baltasar Quiñones Elías, el otrora peculiar estilo de Isabelino Pucho Marzán, y hasta los ya históricos de Miguel Ángel García Méndez, sin duda el mejor tribuno estadoista puertorriqueño. Abordabas temas que iban del misticismo católico del nacionalismo puertorriqueño y su líder, don Pedro Albizu Campos, a la necesidad y conveniencia de mantener una franquicia electoral por el independentismo, idea central del pensamiento del fundador del PIP, don Gilberto Concepción de Gracia hasta su fallecimiento. Supe de algunos poemas de Muñoz Marín y Muna Lee, escuche de tus labios la poesía de Julia de Burgos, y por vez primera, El Patito Feo de Llorens. Uno que otro “detallito” de la vida farandulera y las “niñas bien” de la sociedad capitalina surgían de vez en cuando en la conversación. Los amoríos de Felipe “La Voz” Rodríguez y Marta Romero; que si doña Felisa…; el Colegio de Niñas…

Niní se acostaba a hora prudente, como debe ser. Tú y yo éramos noctámbulos. Y porqué negarlo, tenía mucho que aprender aquel entonces imberbe de la bisnieta del poeta y patriota Gautier Benítez.

Me acuerdo que, al levantarme, por lo regular cerca a las once, me sentaba en la sala cerca a Niní –taza de café en mano– que sentada desde muy temprano en su sillón, tejía. Y leía. Conversábamos. Sutilmente me interrogaba. Decía que la mayor y cínica inocentada era que yo naciera un veintiocho de diciembre, día de los Santos Inocentes. Me aconsejaba. Yo respondía, aprendía, absorbía como esponja de cada conversación. Agradezco haber sido recipiente del afecto sincero de gente honesta como ustedes. En cada estadía respiré paz, entereza moral, sabiduría y amor.

Tus padres, Niní y José Benítez Gautier, vivieron un romance sin igual. Me contabas que nunca viste a dos más enamorados y una anécdota muy peculiar. Niní le decía a sus hijos: “ustedes tienen que quererlo a él más que a mí, porque él se lo merece, pero el día que él quiera a alguno de ustedes más que a mi van derechito al hospicio. ¿Entendido? ¡Y él les decía lo mismo!

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Y por tratarse de poetas y de patriotas, hace más de cuarenta años, en una tarjeta con la imagen de Mariana Bracetti bordando la bandera de Lares, un día de las madres le escribiste a Niní estos versos:

“Hilos, aguja y dedal/ en las manos incansables,/ dieron forma de bandera/ al alma boricua, en Lares./ Como la bordó Mariana/ tu también una forjaste./ Con tu palabra y ejemplo/ en seis vidas la grabaste.”

¡María Cecilia Josefa Alejandrina de los Dolores Benítez Noya!  Y a ti, ¡Avelina Noya Benítez! No les de coraje conmigo. Hermosos sus nombres, mujeres de tan desprendido amor; ejemplo de labor callada, de heroísmo diario; independentistas de pisada leve y huella profunda.

Te conocí, hermana mía, mejor que nadie fuera de tu familia inmediata. Por ello puedo hablar sobre estas y otras cosas. Mientras vivieron tú y Niní, en esta tierra, nuestra patria adorada, tuve el afecto, respeto, confianza y cariño sincero de ambas. Y eso para mi no tiene precio.

Mi querida amiga, no eras de las que aconsejaba sino pedían tu consejo –y menos de las que creías en esa pendejada de pasar la página que hoy suena tan vacua y defensiva en boca de muchos cada vez que leen o escuchan algo que los emplaza a pensar o les incomoda. Solo pasabas las páginas de un buen libro porque entendías muy bien lo leído. Como solía decir tu tío, Jaime: leías libros; libros de autores de diverso pensar pero exquisita escritura; leías lo mismo a Pemán, Mutis, Casares, el Viejo Joaquín Balaguer, Borges, que a Juan Bosch y De Diego, Matos Paoli, García Márquez, Monsivais, Quiroga, Llorens, Benedetti, Shakespeare, Flaubert, Cervantes, Baudelaire, Vargas Llosa, Saramago… Sor Juana Inés; tenías ilusiones pero nunca fuiste una ilusa –al decir de José Antonio Marina–; y sabías separar la paja del grano, tenías la capacidad intelectual y sensibilidad necesarias para distinguir entre amistad, hermandad, patriotismo sin doblez y el disentir. Y que pueden coexistir.

Luego de escribir recientemente el artículo: No pocas veces (que para mi sorpresa causara escosor en algunos), y semanas antes, Hoy mi deber: más que una canción, donde expresaba, muy claro, mi opinión sobre asuntos del independentismo que me atañen, con la fuerza moral de haberles dedicado mi vida entera (aquí unas líneas):

“Pero la posibilidad del nuevo amanecer sólo será posible si cambiamos, todos, y bajamos de las viejas torres de marfil…  Aunque algunos, y ciertas cosas, no son lo que fueron o imaginé, sigo siendo lo que siempre he sido: un socialista que cree y lucha por la independencia de mi país. Los que me conocen “saben que sangro por dentro, a todas horas”. Citaría al escritor diciendo: ”Soy, en carne y espíritu, un grito de dolor e indignación”Tengo serias diferencias sobre puntos muy importantes con la dirigencia del partido en el que he estado siempre, pero todavía armonía suficiente en la mayoría de las posturas que asume en su proyecto político.

… preferiría que mis compañeros, mis viejos camaradas de lucha (porque todavía siento gran respeto por el significado de esas palabras), “comprendieran y entendieran, acogieran con seriedad mis análisis o expresiones, pero si por casualidad no les agrada, que no los venciera el fanatismo y fundamentalismo político-partidista.”

… Conversamos, Mari, en varias ocasiones, y como mi hermana, amiga y compañera de lucha era lógico conocías mi pensar. También el liderato pipiolo, pues jamás me he escondido para expresar mis opiniones.

Sigo manteniendo mi criterio fundamentalmente contrario, opuesto, al puritanismo fatuo; a la manipulación por “autoproclamados vigilantes de la incondicionalidad como virtud”, cuando en política hasta el pesimismo puede llegar a serlo. Recuerdo a un viejo amigo contar aquello de: ¡Realidad, que concepto! Y sí, amiga mía, como sabías de realidades te quejaste en ocasiones de que ciertas cosas no iban bien, como cualquier otro extraordinario militante, que no hay que andar pregonando que todo esta perfecto (como si nuestra gente fuera estúpida) cuando tenemos tanto que cambiar y tantas lecciones que aprender, principalmente de los pasados y más recientes procesos electorales, para demostrar que se es miembro afin a un instrumento de liberación nacional, aunque podamos plantear serias diferencias u objeciones.

Recuerdo, Mari, cuando me decías –porque fuiste pipiola y rubencista hasta el fin de tus días–: “¡Habla con Rubén, Tomás… Tu sabes como es esto, … han sido más de cuarenta años! No tienes que pedir permiso para subir al segundo piso.” Pero lo planteabas así, con ese cariño y respeto…

Mi amiga fuiste y hermana por siempre, sin duda alguna. Sin fundamentalismos estridentes e intolerancias que sólo son caldo de cultivo para repetir los mismos errores… y obtener idénticos fracasos. Católica de toda una vida, sin fanatismos; crítica sin igual de más de un Papa; devota de tu virgencita guadalupana y aguerrida defensora de la teología de la liberación. Extrañaré tu llamada el día anterior a mi cumpleaños, pues tenías la costumbre de ser la primera en felicitarme, y yo la mía dos días más tarde para ser el primero en felicitarte. ¿Quién se ocupará de hacerme llegar La Agenda Latinoamericana Mundial que me regalabas anualmente, sin fallar? Y cuánto extrañará Rosin, evangélica hasta la médula, las llamadas de su amiga católica diciéndole: ¡inclúyeme en tus oraciones, llegan directo al Señor!

Mi también amiga de asiento fijo en el corazón, eras patriota ejemplar desde los tiempos –en que como dijera nuestro mutuo amigo, profesor y militante independentista, Milton Pabón–: ¡Teníamos el partido que queríamos!

Pablo Neruda en la voz de joaquin Sabina

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Subido el 21/11/2007
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*NOTA: En este poema, Quizás esta soledad, que me dejaste en casa el día de mi cumpleaños (luego de las elecciones de 2008) cuando hablamos de algunos de mis enconos, queda resumida la idea. ¡Siempre irás conmigo, compañera!

*Pedro Casaldáliga

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5 pensamientos en “El Quinto Verso: (A mi hermana Mari Ceci)

  1. Otho Rosa dice:

    Así son los comentarios que se hacen a los verdaderos amigos que nos dejan. Se hacen con el corazón chorreante, se hacen jugándose uno la vida. Se hacen desde el lugar que estemos. Se hacen sin pretenciones ni amarguras, pero se hacen. Un abraso Tomás y un pésame sentido por la muerte de Mari… creo que eres la persona apropiada para recibirlo.

    • Gracias Otho, “Nada más sacudidor, más sorprendente -(imagino)- para la vana e ingenua rivalidad…”, escribió alguna vez Alberti. Sólo me resta citar de otro poeta: “Desde el umbral de un sueño me llamaron. Era la buena voz, la voz querida…”

  2. Mari Clemen dice:

    Gracias por quererla y admirarla tanto. Lo mismo que a mamá. uq te consideramps “de casa”. siempre estaban el corazón y la puerta abierta para ti. …y el café calentito siempre a punto. Desde el cielo ella te acompanana y le pidena Jesús te siga haciendo como eres, valiente y entregado. Con mucho carino, Tue amiga , Mari Clemen rscj

    • Gracias Mari Clemen, me consta que así fue siempre: ” mi casa siempre estuvo donde quiera que ellas estaban” y yo tranquilo de poder regresar a casa.” Un beso y un abrazo de tu amigo y también hermano, Tomás.

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