Pedro Albizu Campos

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julio 5, 2013 por La Vieja Noche

“…el sábado 29 de junio de 2013 frente a su tumba en el cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, en San Juan, Puerto Rico. Algo muy sencillo, pareció decir Rosa, mi todavía ahijada de alguna manera. Algo muy complicado, pensé yo.”

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Conmemoración del natalicio 120 del Maestro

Pedro Albizu Campos

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Gilberto Concepción Suárez

La familia de Pedro Albizu Campos, me dijo Rosa, te invita a decir unas palabras en el acto que se llevará a cabo el sábado 29 de junio de 2013 frente a su tumba en el cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, en San Juan, Puerto Rico. Algo muy sencillo, pareció decir Rosa, mi todavía ahijada de alguna manera. Algo muy complicado, pensé yo.

Lo primero que hay que saber es, cuál es la familia de Pedro Albizu Campos. Hay que ver las complicaciones: si soy hermano de Laura y lo fuí de Pedrito, sería algo así como su hijo, pero ya mi padre lo había sido, lo que me haría el nieto de mi padre. Verdaderamente confuso, y más aún, si señaláramos que es uno de los padres de la Patria nuestra y, por consecuencia, el nuestro. Para colmo, es en gran medida padre de todas las libertades y derechos obtenidos a sangre y fuego en la América nuestra.

En abril de 1932, cuando se pretendía oficializar la bandera puertorriqueña, para robársela al Partido Nacionalista de Puerto Rico que presidía Pedro Albizu Campos, éste organizó una protesta en el Capitolio con los asistentes a un acto en recordación del natalicio de José de Diego. La policía cobró a mansalva la vida de un joven estudiante de la Escuela Superior Central, de nombre Manuel Rafael Suárez Díaz. En su ropa, a su muerte en el Hospital Municipal, solo se encontró un recibo de luz de la casa de Wilson 5. Allí envió Albizu a una pequeña delegación de jóvenes, liderada por Gilberto Concepción de Gracia, entonces con 22 años, a dar la noticia.

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La hermana del ya convertido en el primer mártir del Partido Nacionalista, el estudiante de 17 años de la Central High, como se le llamaba entonces, y simpatizante nacionalista abrió la puerta. Gilberto y Ada se enamoraron esa noche. Pronto juntarían sus vidas, él sería el abogado de Albizu cuatro años más tarde y, andando el tiempo, presidiría el Congreso Pro Independencia y fundaría el Partido Independentista Puertorriqueño. Ella sería una estudiosa e investigadora del Grito de Lares y de Segundo Ruiz Belvis, y biógrafa de Ramón Emeterio Betances.

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Betances, Lares, Ruiz Belvis

Esa complicidad amorosa y patriótica debe haber sido, con toda seguridad, de mucha satisfacción para Pedro Albizu Campos, quien veía unidos a su discípulo predilecto y la hermana del primer mártir. Por supuesto, nunca hubiera sospechado que uno de los frutos del amor de esos dos seres, ochenta y un años más tarde, en ocasión de conmemorarse ciento veinte años de su glorioso nacimiento habría de comparecer ante ustedes para dar testimonio del acendrado amor incondicional del prócer Albizu Campos, transmitido con pasión a sus hijos de muchas generaciones, a la Patria, a la gente, a los símbolos, a la lealtad, a la perseverancia y a la constancia.

Es complicado y extraño, les decía, pedir a nombre de la familia, cuando todos somos familia, y todos somos hijos del mismo padre, y nuestra madre es la propia Patria.

Para ese año de 1932, hacía más de una década que faltaba el último de una pléyade de grandes patriotas, luchadores tanto de la colonia impuesta por España, como por Estados Unidos, José de Diego. Cerca de la tumba del patriota, en la plaza y en su honor, Albizu Campos habló y dirigió la militancia hacia el Capitolio, en lo que habría de ser el nacimiento efectivo de un liderato en que un solo hombre habría de llevar el peso político que debió residir en muchos.

Del país asediado, de la nacionalidad en riesgo, de la cultura amenazada, y de la economía y las luchas de los trabajadores, con la cara vuelta a la pared, nació la esperanza. La prédica de la afirmación de los valores de las mujeres y los hombres de los campos y los pueblos del país, de la dignidad sobre los bienes materiales, del pueblo sobre el individuo y del juicio inexorable de la historia. Albizu Campos fue, además de mensajero de la justicia, de paladín de la lucha de un pueblo colonizado, fue quien entregó su vida, sus bienes, su familia inmediata y su valor en su palabra y en su acción. Entonces fue, como continua siendo hoy, un símbolo.

Disculpen Rosa, y Guli y Laura y todos, vivos y muertos. A mí nada me piden. Pedimos a una sola voz, los hijos de Pedro, a nuestros compatriotas, honrar al que fue y sigue siendo Maestro, siguiendo su pensamiento, caminando por su ruta, pisando sus huellas del camino, para llegar a su meta, a su horizonte, y más allá, en nuestro único destino, que era el suyo: UN PUERTO RICO LIBRE E INDEPENDIENTE.

Crédito fotos, https://laviejanoche.wordpress.com; friendswelove.com

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