A 60 años de la heroica acción

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julio 13, 2013 por La Vieja Noche

Los motivos de que aquellos jóvenes decidieran lanzarse a la lucha contra el sistema establecido en Cuba quedaron registrados en un documento de crucial importancia para nuestra patria y el mundo, pues más que ser un alegato para defender las acciones realizadas, era una denuncia de la penosa situación en que vivía nuestro pueblo.

ALAI, América Latina en Movimiento

Cuba

A 60 años de la heroica acción

Néstor García Iturbe/Política/Social/Economia

El próximo 26 de julio se cumplirán 60 años de los asaltos a los cuarteles “Moncada” y “Carlos Manuel de Céspedes”, una heroica acción con la que la “Juventud del Centenario” trató de liberar a nuestra patria, al costo que fuera necesario, inclusive al de sus propias vidas.

08aem_fidel_moncadaLos motivos de que aquellos jóvenes decidieran lanzarse a la lucha contra el sistema establecido en Cuba quedaron registrados en un documento de crucial importancia para nuestra patria y el mundo, pues más que ser un alegato para defender las acciones realizadas, era una denuncia de la penosa situación en que vivía nuestro pueblo.

Cuando se quiere evaluar la obra de la Revolución, apreciar objetivamente el cambio que esta ha llevado a cabo y los beneficios que ha logrado nuestro pueblo, es imprescindible realizar el análisis sobre lo que nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz describió en “La Historia me Absolverá”. Los “anexionistas” de hoy en día, los “voluntarios” que ayer lucharon al lado de España, similares a los que hoy se han convertido en asalariados de Estados Unidos, sueñan con la vuelta al pasado y tratan de tergiversar la realidad en que vivía nuestro pueblo.

Cuando en ese documento se mencionan los principales problemas existentes en aquellos momentos se dice: “El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política.”

Como se señaló en aquel documento, “El ochenta y cinco por ciento de los pequeños agricultores cubanos está pagando renta y vive bajo la perenne amenaza del desalojo de sus parcelas. Mas de las mejores tierras de producción cultivadas está en manos extranjeras. En Oriente, que es la provincia más ancha, las tierras de la United Fruit Company y la West Indies unen la costa norte con la costa sur. Hay doscientas mil familias campesinas que no tienen una vara de tierra donde sembrar unas viandas para sus hambrientos hijos y, en cambio, permanecen sin cultivar, en manos de poderosos intereses, cerca de trescientas mil caballerías de tierras productivas.” Para sustentar más lo dicho, encontramos datos estadísticos que plantean en 1958 el 70 por ciento de la tierra estaba en manos del 8 por ciento de los propietarios, entre los que se incluían los latifundios yanquis. El análisis de la situación actual en Cuba nos presenta un cuadro totalmente diferente que refleja la acción de la revolución en cuanto al problema de la tierra.

El problema de la vivienda fue expuesto ampliamente en dicho documento. ” Tan grave o peor es la tragedia de la vivienda. Hay en Cuba doscientos mil bohíos y Chozas; cuatrocientas mil familias del campo y de la ciudad viven hacinadas en barracones, cuarterías y solares sin las más elementales condiciones de higiene y salud, dos millones doscientas mil personas de nuestra población urbana pagan alquileres que absorben entre un quinto y un tercio de sus ingresos; y dos millones ochocientas mil de nuestra población urbana y suburbana carece de luz eléctrica.” Independientemente de que aun no se han resuelto todos los problemas relacionados con la vivienda, el estado actual del mismo es totalmente distinto, lo que se pone de manifiesto en ciudades y pueblos de nuestro país donde es evidente la preocupación que ha existido por construir viviendas, repartos enteros y llevar la electricidad a los lugares mas apartados.

Sobre la industrialización y el desarrollo del país también se dedicó una buena parte de lo planteado. “Todo el mundo está de acuerdo en que la necesidad de industrializar el país es urgente, que hacen falta industrias metalúrgicas, industrias de papel, industrias químicas, que hay que mejorar las crías, los cultivos, la técnica y la elaboración de nuestras industrias alimenticias… que necesitamos barcos mercantes, que el turismo podría sr una enorme fuente de riquezas, pero los poseedores del capital exigen que los obreros pasen bajo las horcas caudinas, el Estado se cruza de brazos y la industrialización espera por las calendas griegas.” La tarea de industrializar paso de los capitalistas al propio Estado como consecuencia del régimen en que vivimos. Aunque se han fomentado distintas industrias, en muchos renglones se partió de cero y en otros se presentaron dificultades promovidas por la falta de experiencia y la actividad negativa que el bloqueo desde muy temprano ha estado ejerciendo sobre esta rama productiva. Industrializar un país es una labor compleja y que depende de muchos aspectos y en eso la revolución ha realizado un gran esfuerzo que se pone de manifiesto en las fabricas con que contamos en estos momentos y el proceso inversionista que continúa marchando.

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Sobre la educación, lo dicho fue un verdadero reflejo de la situación que afrontaba nuestra patria. “A las escuelitas públicas del campo asisten descalzos, semidesnudos y desnutridos, menos de la mitad de los niños en edad escolar y muchas vedes es el maestro quien tiene que adquirir con su propio sueldo el material necesario. ¿Es así como puede hacerse una patria grande?” Esta realidad de la que habló Fidel fue recogida en las cifras que caracterizan la época. En 1958 había en Cuba dos millones de analfabetos y semianalfabetos, un tercio de la población. Los mayores de 15 años tenían un nivel educacional promedio de tercer grado. El 15 por ciento de los jóvenes entre 15 y 19 años recibían algún tipo de educación. Mas de 600,000 niños no contaban con escuelas. Si comparamos todo esto con la realidad actual en nuestro país encontraremos una diferencia abismal debido al desarrollo que ha tenido la educación en Cuba.

Algo similar puede decirse de la salud pública. El estado de la misma en aquellos años, según se refleja en las palabras de Fidel es tétrico. “De tanta miseria sólo es posible librarse con la muerte; y a eso sí los ayudaba el Estado, a morir. El noventa por ciento de los niños del campo está devorado por parásitos que se les filtran desde la tierra por las uñas de los pies descalzos. La sociedad se conmueve ante la noticia del secuestro o el asesinato de una criatura, pero permanece criminalmente indiferente ante el asesinato en masa que se comete con tantos miles y miles de niños que muren todos los años por falta de recursos, agonizando entre los estertores del dolor, y cuyos ojos inocentes, ya en ellos el brillo de la muerte, parecen mirar hacia lo infinito como pidiendo perdón para el egoísmo humano y que no caiga sobre los hombres la maldición de Dios…El acceso a los hospitales del Estado, siempre repletos, sólo es posible mediante la recomendación de un magnate político que le exigirá al desdichado su voto y el de toda su familia para que Cuba siga siendo siempre igual o peor.”

En 1958 en la nación prestaban servicios en la Salud Pública 8,209 trabajadores. La tasa de mortalidad infantil era superior a 60 niños muertos por cada 1,000 nacidos vivos. La esperanza de vida de la población no pasaba de 55 años. Una simple comparación de estos datos con los actuales, mas otros de importancia como la cantidad de hospitales, camas, policlínicos, médicos de la familia y otros servicios de Salud Pública, nos permiten evaluar objetivamente lo que la revolución ha significado para el pueblo en este sector.

La situación económica de la población cubana estaba en crisis permanente, con 549,000 desocupados en 1958, de una fuerza de trabajo de dos millones 200 mil personas. En esto no se contaban los desocupados transitoriamente , los trabajadores a destajo y los que su trabajo estaba vinculado a la zafra azucarera, lo que cuando más trabajaban cuatro meses al año.

Muchas veces tenemos mala memoria o no estudiamos suficientemente nuestra historia. Vivimos la realidad actual, que dista de ser perfecta, pero comparada con la que vivieron nuestros padres representa un avance significativo en cuanto a las posibilidades y atención a nuestro pueblo. Queremos avanzar, pero eso requiere inteligencia, austeridad y sacrificio. Los jóvenes son el futuro, pero tienen que estar bien identificados con lo que fue nuestro pasado para no cometer un error que después tengan que lamentar.

No estaría mal que “La Historia me Absolverá” se estudiara por los jóvenes en alguno de los niveles de la enseñanza media, para que puedan comparar, no solamente con los países desarrollados de la actualidad, sino también con lo que era Cuba antes de que un grupo de hombres, inspirados en el pensamiento de José Martí, autor intelectual del Moncada, se lanzaran a conquistar nuestra libertad.

Termino con una cita que Fidel hace en este histórico documento sobre las palabras de Martí.

“El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber.”

 Néstor García Iturbe  es editor del boletín electrónico El Heraldo (Cuba)

sarahnes@cubarte.cult.cu

2013-07-11

alainet.org/

Crédito fotoswww.ain.cu –

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