El camino hacia Noche para Recordar (segunda parte)

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septiembre 8, 2013 por La Vieja Noche

” De sólo pisar el balcón… todo un mundo de recuerdos. Aquel fue uno de los tantos hogares donde llegué a pasar muchas de mis noches de adolescente, el hogar de… “

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El camino hacia Noche para Recordar (segunda parte)
“De nuestros miedos nacen nuestros corajes, y en nuestras dudas viven nuestras certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible, los delirios otra razón. En los extravíos nos esperan los hallazgos porque es preciso perderse para volver a encontrarse.”
                                                             Eduardo Galeano

Llamé desde la escalera, a través de las rejas, tres veces. ¿Quién? Se asomó. Y me reconoció. Dio un grito mezcla de alegría y sorpresa. ¡No! ¡Si Dios existe! Y me abrazó. Linda, que así se llama, es una de esas hermanas que la vida cruza en nuestros caminos cuando, de pronto, no hay casa en tierra firme, o la cubierta del barco a la deriva se torna algo extraña bajo la fuerte marejada.

Me había bajado del auto hacía unos minutos, justo donde comienza la calle de mi gente de abajo. Frente a la antigua tiendita, la de Luis Mofongo le llamábamos entonces. En la esquina, saludé a los muchachos que acostumbran pasar allí largas horas. Algunos se allegaron luego hasta la casa. Mientras, yo iba al hogar aledaño, vecino.

De sólo pisar el balcón… todo un mundo de recuerdos. Aquel fue uno de los tantos hogares donde llegué a pasar muchas de mis noches de adolescente, el hogar de los Angueira, la casa de Rosalina. La de palos que recibí… Y también el abrazo protector; el pan compartido; calor de hogar. Supe de abrigo que no juzga.

Rosalina me esperaba sentada en su cama, la sonrisa de antaño que tanto extrañaba; su bendición… una viejecita hermosa de cabellos blancos. Le dí un beso en la frente. Ella, entonces, apretó mi rostro entre sus dos manos diciéndome: ¡bandido!, como antes, en su decir de siempre. Hablamos de los tiempos idos, los temas concernientes. Tuve que someterme a su interrogatorio, que así suelen ser las madres cuando sus hijos vienen. El caso es que el momento fue inevitable mirada al pasado, lo que me sucede siempre que habla el corazón en la mano. Pero salí de allí contento, con ánimo renovado. Me despedí de los muchachos frente a casa de Linda entre sinceros y fuertes abrazos, que amigos son amigos, entre nosotros ni hubo ni habrá divisiones, esas de unos buenos y otros malos que acostumbran ver quienes miran sobre el hombro pretendiendo mirar más alto. No aplica aquello de ¿dónde fueron los amigos cuando el vino anduvo escaso? Aquí si aparece el vino lo que no sobra son vasos. A ella le dije volvería. Riendo me contestó: ¡Ajá! ¡Y yo pueda escuchar el día de tu rezo a los santos!

Seguí calle arriba. Ví vecinos y vecinas, saludando con un gesto, comentarios de estás más llenito, estás más delgado. ¡Que grato verte! ¡Muchacho, tanto tiempo ausente del poblado! Fue así que volví a ver a mi viejo amigo, Chamo. Y en la sala de su hogar conversamos un buen rato. Se mudó allí no hace mucho pues llegó del norte, de los Estados le dice la gente de aquella, mi calle de abajo. La pasamos bien rememorando correrías de años pasados. Screen Shot 2013-09-07 at 11.41.01 PMHablamos de la actividad del 5 de octubre, en El Centro de Convenciones del Pampas, en el Penthouse del Medical Emporium, que algunos de mis amigos han organizado: un gran encuentro de viejos amigos; y de quienes en el poblado y muy cerca, en los poblados aledaños gustan de un buen show; y de compañeros de estudios (de la Clase del 71 que aprovecharemos para reunirnos… ¡por fin!), donde sin duda disfrutaremos de la hermosa voz e imitaciones de la experimentada gran artista y amiga, Carmín Vega, y la música del maestro Junior Laredo. Extraordinario espectáculo —con algunas innovaciones al que presentara no hace mucho en Bellas Artes. Quedamos en allí vernos.

También nos reímos charlando de uno que otro de nuestros viejos andares de trasnochados. De alguna manera acomodamos cronológicamente en la conversación las botadas de clase que nos diera Tito Ceide y aquel su enamoramiento, que culminara en boda con Myrna Ayala; mis discusiones con la profesora de inglés; las clases de salud por Monsa Román (¿habrá quién no recuerde detalles de eso?) y las parejas de novios… Y dónde terminó cada cual, tanto desde Isabel Suárez como la Alcides Figueroa…

Al despedirme de mi buen amigo continué calle arriba. Saludé a todo el que encontré a mi paso, pregunté por otros y me enteré, con tristeza, que muchos, quizá demasiados, ya no están ni estarán jamás, sólo en nuestro recuerdo.

Al final de la calle me esperaba mi compadre. Abordé el auto, detuve unos segundos mi mirar… La calle, y las calles de abajo de este mi querido pueblo.

La cosa no queda ahí. Pero, en los próximos días continuaré escribiendo. Porque esa noche hubo otro encuentro de amigos. En el Centro Cultural presentarían la más reciente obra de la escritora, poeta y amiga Nélida González.

Les adelanto, como leyera en El café, uno de sus cuentos:

“Un día escribiría una historia de la vida real, al otro, un cuento, o tal vez un poema sin título, o una oda a un gran amor, ese que llega en las postrimerías de la vida…”

Mientras, adquiere tus boletos. Será una noche inolvidable, tendremos la oportunidad de encontrarnos, tenemos tanto de qué hablar… Te espero.

Un pensamiento en “El camino hacia Noche para Recordar (segunda parte)

  1. Me encanta esa segunda parte de “El camino hacia Noche para Recordar’ pues como siempre tienes esta inmensa capacidad para llevar al lector a transportarse y vivir el momento. Vivir tu mismo sentir. Apropiarnos de lo que tú como escritor quieres dejar latente en nuestra mente y corazón. Pa’lante con El camino hacia “La Noche para Recordar” y esperamos con ansias locas la continuación de esas hermosas letras que definitivamente nos llevarán a una noche especial, a ” Una Noche para Recordar.” Dios te bendiga querido amigo y compueblano. Un fuerte abrazo. Me hiciste revivir aquellos días y aquellas calles.

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