Entre una maleta y mochila a medio cerrar

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noviembre 18, 2013 por La Vieja Noche

“No tenía por qué dar explicaciones, ni a ella ni a nadie, pero…, aquella fría noche…, de repente se dio cuenta de que quería que ella le conociese…, que le conociese de verdad, con todas sus contradicciones.”

(Noches de tormenta)

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Tomás L. Vargas/Escritor

Editor-Director de laviejanoche.wordpress.com

No logré conciliar el sueño. Mis horas transcurrieron anoche inmerso en  lecturas escogidas al azar. De Alfonsina Storni, que tituló una conferencia preparada en un día, y que ofrecería junto a las inmortales Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral, “Entre un par de maletas a medio abrir y las manecillas del reloj”, leí:

“Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas

he sentido el otoño; sus achaques de viejo.

Me han llenado de miedo; me ha contado el espejo

que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas”.

Alfonsina había sido operada de cáncer de mama. Y no habiendo pasado un año, al enterarse del suicidio de su muy especial amigo, el gran escritor uruguayo Horacio Quiroga, le dedicó quizá presagiando su propio final este conmovedor poema:

“Morir como tú, Horacio, en tus cabales,

Y así como en tus cuentos, no está mal;

Un rayo a tiempo y se acabó la feria…

Allá dirán.

Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte

Que a espaldas va.

Bebiste bien, que luego sonreías…

Allá dirán”.

Fue entonces que vino a mi memoria una frase aprendida de aquel viejo amigo con el cual solía recorrer nuestra isla (de las que más bien sintetizan lecciones de vida) y tuviera la oportunidad de leer el texto completo del ensayo años más tarde y guardo un ejemplar en mi biblioteca: “Cuanto más desarrollado, maduro y consciente de sí mismo es un hombre, más piensa e, incluso, siente en palabras, y menos en imágenes sensoriales” (Isaiah Berlin). ¡Profundo!

Así transcurrieron mis horas. La lluvia invitaba una taza de café para calentarme. El vuelo saldría de madrugada, y a pesar que no auguraba buen tiempo intentaría dormitar en el avión. Luego desayunaría en New York, en una escala de varias horas. De allí partiría hacia UMASS. Así que cuando leas estas letras ya iré de camino, en otro de los tantos viajes que durante los pasados años me han mantenido ocupado atendiendo asuntos de mi salud.

Les digo porque de alguna u otra forma me han acompañado.

Francamente, espero este sea de los últimos. Antes sólo veía una pequeñita luz al final del túnel que gracias al concierto de voces solidarias entonando —cada cual en su nota y escala particular— buenos deseos, poniendo su granito y sintiendo en palabras puestas en acción concreta han transformado e iluminado cual faro de esperanza.

Cada instante de mi vida, aunque este no sea de mis mejores días y me sienta un poco triste hoy, agradeceré el privilegio de haber conocido mejor a quienes cuando menos lo esperaba, sin importar las circunstancias y responsabilidades en sus vidas, detuvieron por un instante las manecillas del reloj y se acercaron a brindarme un abrazo amigo.

Me sería imposible no agradecer  el privilegio de su amistad.

Más desarrollado, maduro y consciente de mí mismo así pienso… y siento en palabras.

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Carlos Duran Carlos Duran·
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