En el paisaje de su rostro

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enero 31, 2014 por La Vieja Noche

“Ahora mi muerte está sentada aquí. ¿Con impaciencia? No lo sé. Ya he aprendido que no se muere de una vez, sino que se va una muriendo con cada cosa, con cada persona nuestra que se muere. Y yo he muerto ya mucho… Pertenezco a esa comunidad de los difuntos en la que ingresas sin presentar instancias”

LAS AFUERAS DE DIOS

(No hay amor que esté solo ni que acabe en la muerte), Antonio Gala

 

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En el paisaje de su rostro
2340_1106027807815_8260_n[1]           FOTO: Myriam E. Loperena Romero (Cortesía de Maritza Arroyo Loperena)

Screen Shot 2013-07-22 at 12.41.54 AMTomás L. Vargas Morales/ escritor

Tenía la sensación de andar por el aire, adormecidos pensamiento y músculos. ¡Que dificil me resultaba todavía, semanas después, tomar el teléfono y llamarlo! A veces hasta he dudado si todo pasó de verdad. No me basta formar parte de la realidad y, en cualquier caso, no sabía que decirle.

¿Cómo te sientes? ¿Preguntarle cómo ocurrió? Estas resultan ser las primeras exclamaciones emotivas que todos solemos hacer, intuitivamente es lo que precisamente se quiere saber. Sin embargo, no podía negarme a mí mismo, aunque estuvo fuera de mi voluntad, que un sentimiento de culpa me invadía por no haber podido acompañarlo en su trance de dolor, a él, a Gilberto Arroyo, mi hermano del alma, cuando nos hemos acompañado de una u otra forma durante toda nuestra existencia. No soportaría sin quebrarme el escucharlo triste, abatido. Sabía que ya no la llevaría en brazos, él que fue su fiel escudero siempre y, hoy aún, me es tan natural recordar a Myriam con su apacible sonrisa, serena… y fácil referirme a ella como su verdadero ángel de la guarda, porque era su amor, el que se entrega en cuerpo y alma ascendiendo hasta lo más alto e inimaginable. Se complementaban, nunca los imaginé al uno sin el otro.

A media mañana lo llamé. Mientras bebía el café prieto y puya tenía frente a mi un verso de Lucrecio que pensaba subir a mi página en facebook como pensamiento mañanero, pero no lo hice:

 “Mira también los siglos infinitos

que han precedido a nuestro nacimiento

Y nada son para la vida nuestra.

Naturaleza en ellos nos ofrece

como un espejo del futuro tiempo,

por ultimo,  después de nuestra muerte.

¿Hay algo aquí de horrible y enfadoso?

¿No es más seguro que un profundo sueño?”

Escuché su voz. Y en ella, aquella serenidad más propia de Myriam. Gilberto intentaba darme ánimo, como el hermano mayor que siempre ha sido. Entonces pensé en las palabras que hace años escuché de labios de un querido amigo al referirse a la triste pérdida de un amigo mutuo: “Con excepción del dolor aquí no hay nada más que decir”.

Screen Shot 2014-01-28 at 5.44.26 PM

FOTO: Giovanni, Myriam, Maritza y Gilberto

Al colgar afloraron sentimientos que no logré contener. Por largo rato lloré a la amiga de tantos años y tantos consejos; lloré por la pérdida irreparable que sentirían Giovanni y Maritza, sus hijos, dos queridos sobrinos que me regaló la vida; por el corazón destrozado del hermano del alma que escribiera hace largo tiempo en aquel El Primer Adiós las notas que entrelazadas a mi antojo me parecieron escritas para hoy:

“Aún recuerdo el día de la partida. Mañana lluviosa, deprimente, como si el cielo quisiera acompañar mi pena y mi tristeza…  Ya en el aeropuerto todo fue rápido, registro de maletas, inspección del pasaje y de pronto una voz metálica anunciando la partida del vuelo… con ojos nublados de llanto me alejé rápido y antes de entrar al avión me volví a verla: vestida de negro y un pañuelo que decía adiós, allá lejos. No recuerdo cuando dejé de llorar porque me quedé dormido…”

Hace unos días, en una de esas conversaciones de familia, le pedí a Maritza una foto de su mamá, una en específico, la publicada al inicio (la misma que German Giovanni, su nieto, se hizo tatuar sobre el área del corazón). En ella una bella mujer, de adorables ojos y tierna mirada, amiga, compueblana, familia; el eterno amor de Gilberto —de mis hermanos más queridos—, con quien compartiera gran parte de mis años de rebelde adolescencia junto a Goche y Mickey allá en una casita cuyas puertas y ventanas nunca se cerraron, bajo el frondoso quenepo, en terrenos de doña Esperanza y Lilo. Yo quería, necesitaba escribir sobre el paisaje de su rostro recordando la sublime línea que Loaíza Cordero escribiera en un poema dedicado a Añasco:

“Ayer te vi

y el sol salió en mi alma.”

¿Dónde comenzar? Me decidí por el criterio generacional.

La nuestra, dentro de sus limitaciones, marcó años de convivencia en lo valioso de sus individualidades, formada y educada bajo el influjo de una sensibilidad de exquisitez tal que yo definiría, en síntesis, en las breves palabras de un cuento de Emilio Díaz Varcárcel:

“Sólo te puede salvar el dolor, el dirigir tu fracaso ante la vida hacia lo cálido y lo sincero”.

Y parafraseando quizá —en algún sentido— a Concha Meléndez, puedo afirmar que logramos sobrevivir y vencer la adversidad por lo inmersos que estuvimos en aquel nuestro “afán de comprender lo bello o expresivo” que buscábamos.

Screen Shot 2014-01-30 at 10.12.44 PMGilberto, Goche, Mickey, y quien da forma a estas letras barríamos sueños; anhelos orillados en las calles y caminos de nuestro pueblo, en particular las del querido e inolvidable barrio Espino. Pienso en los momentos, planteamientos y tantas  discusiones que siempre, por fuertes y delicadas o controversial que fueran, terminaban entre risas.

Concluyo con palabras de mi hermano Gilberto Arroyo, quien habla por nosotros, los otrora inquietos mosqueteros de la casita bajo el frondoso  quenepo:

                                                                                                       Foto: José Ángel (Goche) Arroyo

“Varias veces he repetido el viaje y las despedidas siguen siendo tristes, pero la memoria de aquella mañana, …es una marca en mi corazón que los pasos no han podido borrar.”

Querida Myriam, vivirá por siempre —en nuestro recuerdo— el paisaje de tu rostro.

2 pensamientos en “En el paisaje de su rostro

  1. Hermanito, eras el pequenin en edad pero ya sabio en ciernes y que enfrentabas los que reclamabamos prioridad,no por conocimientos, pero por viejos. Discusiones alargadas que terminaban para mi con el consejo de Mami Esperanza, ” Vete ya, que Myriam te espera”. Tu escrito, En el paisaje de su rostro, es un hermoso e inolvidable homenaje a a ella. La vida continua, con momentos
    de alegria al recordar lo compartido, con momentos de tristezas al enfrenatr los espacios vacios. Canta Jose Luis Pelares de como el corazon se seca de tanto llorar,(Morir de amor, en cd Canciones de amor), el mio no seca tan pronto y deseo pensar que mientras viva, las lagrimas son tambien otra expresion de un “yo te amo”. Gracias por este, tu homenaje a Myriam. Recuerda que aca te queda un lugar para tomar cafe y hablar un rato.Un abrazo sincero de tu viejo hermano!

    • ¡Te quiero viejo hermano! Y pronto iré a compartir uno o varios cafés y conversar. Gracias por esas palabras que salen de tu gran corazón… Un abrazo fuerte y un beso en la frente.
      Sólo quiero decirte que sigo tu consejo y estoy escribiendo hasta agotarme, noche tras noche. Es la historia de una vida: “una historia que me duele aún, una historia que nunca dejará de dolerme”

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