Heraldos negros nos manda la Muerte… ¡Gracias totales! *

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septiembre 8, 2014 por La Vieja Noche

Y lloré, desconsoladamente; un dolor muy vivo,

tan íntimo y profundo como imposible de expresar

con palabras….

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 Screen Shot 2014-09-04 at 8.01.04 PMEn la foto: Tomás Yasser; Tomás L. Vargas; Tomás Vargas Gerena; Sheila; Tomás Jamil (faltan en esta foto mis hijas Nicole y Heidi, ver al final del escrito)
“Heraldos negros nos manda la Muerte…”
¡Gracias totales! *

“… en qué noche solitaria… / junto a recuerdos que se están haciendo… / cómo encontrar un sitio con los primeros ojos”

(Mario Benedetti)

 

Tomás L. Vargas Morales / escritor

“Se lo que lo querías y quieres, y aunque se sepa, el dolor no se contiene”. Fue la expresión, hace unos días, del amigo, compañero de lucha independentista y hermano, Gilberto Concepción Suárez. Hablaba de “papi”, mi querido Viejo, don Tomás Vargas Gerena. Y conciente de su capacidad para captar el detalle velado tras la palabra escrita, imaginé (más bien intuí) que la frase, en su delicado mensaje de condolencia, se refería a lo por mí escrito en una breve nota que al inicio leía: “Hoy riño con la palabra. Quizá pueda expresarme dentro de unos días. Hoy no puedo”.

Transcurridos largos días desde aquella triste noche, llega a mi recuerdo que Norma, mi prima-hermana, llamó diciéndome que papi no estaba bien. Eran las 9:49. Lo sé porque tomaba mi dosis de medicamentos. Ese viernes, en horas de la tarde, yo había llamado al hogar y conversado con una enfermera preguntando sobre su estado. De hecho, sin paréntesis ni nada por el estilo hablamos tanto que llegó a ser obvio guardaba oculta alguna verdad desnuda, hay materias primas hasta, aún incluso, para las mentiras. Más tarde, a las 10:22 recibo la llamada de Tony, mi hermano, de los tres hijos de papi, el que reside en Añasco; mi otro hermano, Arnold (Lee), el menor de nosotros, vive en New York desde niño. “El Viejo ya está en sus minutos finales” —me dijo. Durante aquel periodo con apariencia de eternidad se oía el tictac del reloj como golpes de marrón. Acabó por tornarse desesperante. A las 11:29 minutos me comunicó su deceso. “Gracias por estar con él” —recuerdo alcancé decirle antes de colgar. El golpe, aunque esperado, por evidente, oprimió mi pecho. ¡Partiste!, pensé mientras observaba dormitar una rara avecilla al exterior sobre el alféizar de la ventana. ¡Partiste!, lejos de lo irónico, lo melancólico, de lo fantasioso o real; de todo lo romántico. Te disfrutaste la vida, papi; la viviste a tu antojo. ¡Y cuánto me reconforta y llena de alegría tener conciencia plena de ello! Ya nada ni nadie podrá arrebatarte lo bailao. Qué no daría porque estuviéramos contemplando juntos la vegetación desde algún lugar de descanso… volver a los diálogos de alegrías; el caminar de una bella mujer desnuda, sus pies descalzos acariciando a paso lento, delicadamente, las hojas caídas, recostadas sobre la hierba… los desamores. ¡Tus eternos amores!

Fue entonces cuando rememoré aquellas horas la tarde del lunes 25 de agosto, en el hogar, allá en Mayagüez. Sentado a tu lado sobre la cama, mis dedos jugueteaban entre el blanco rizado de tu ya escaso cabello y tu frente. Era como mirarme reflejado al espejo (nos parecíamos tanto), eso si, la piel de tan delgada apenas cubría tu rostro ya seco, sin embargo, siempre presentes tu sentido del humor y tu sonrisa a flor de labios para quienes te visitaran o cuidaban de ti. Independientemente de cualquiera otra de entre muchas posibles consideraciones; y de algunas rebatibles diferencias, estuvimos de acuerdo en el amor y respeto entre ambos. Y, al final de nuestros años, nada triste ni angustioso del pasado, sacudidos y rotos arcones polvorientos, unidos además por una preciosa, inigualable e indestructible  amistad. ¡Sólo faltaba esto! Hay momentos en que se llora por dentro, el sollozo no se deja escuchar y la lágrima es sangre. Recuerdo aquel personaje de Bernhard Schlink, en su novela, El Lector, preguntarse: “¿Será eso lo que me entristece? ¿El celo y la fe que me colmaban…; mi empeño en arrancarle a la vida una promesa que de ningún modo podía cumplir?” Te amé papi, y te amo. Diste tu dura y buena pelea, así lo pienso. Esa tarde logré dejarte unos minutos a solas con Rosin, me lo pedías con la mirada. Sabías que para algunas cosas, entre muchas, no soy bueno. Me alejé. Luego supe le hablaste de tu cansancio físico; que entendías había una razón para todo y estabas en paz contigo mismo. Deseabas, según tu creencia cristiana descansar en la paz de tu Señor y que ella fuera tu testigo. Cogidos de la mano elevaron una plegaria. Al regresar a tu lado me recibiste con un: “te quiero mucho, hijo.” “Siempre te he querido mucho”. Tras besarte en la frente, nos abrazamos. Y con ese abrazo, nada, si algo, quedó pendiente o por no dicho. Esa noche regresé a San Juan.

El sábado 30 de agosto, tarde en la noche, pude estar un rato a solas frente al ataúd con tus restos. Nadie, amén del embalsamador te había visto todavía, tu velatorio se llevaría a cabo desde la mañana siguiente. Pretendiendo me escucharas te comenté se cumplirían tus deseos de al morir ser velado por tus amigos y familiares en La Funeraria Capilla Malavé en Añasco; un servicio religioso; recibir los honores correspondientes por los servicios prestados como militar y el ser sepultado junto a mis abuelos, Pablo y Tita. Lloré, desconsoladamente; un dolor muy vivo, tan íntimo y profundo como imposible de expresar con palabras.

Mi viejo carnal Othoniel Rosa, asiduo compañero de viaje entre infiernos y cielos; independentista y evangélico sin reservas, quien tuvo a bien estar conmigo en el velatorio y entierro —además, pareciendo Bryce Echenique en cuerpo de Jack Nicholson, dijo al llegar frente a mí, me gustaría decirte algo antes de empezar a hablar: ¡Presente hermano, siempre presente!— me entregó su condolencia escrita días después que, luego pude leer pero, considero oportuno mencionarlo en este momento porque le quedó inequívocamente al punto y el sentimiento arrastra de mi corazón a la memoria la certera sentencia de Carlos Fuentes, que si mal no recuerdo dice: “Lo que no tenemos lo encontramos en el amigo. Creo en este obsequio y lo cultivo desde la infancia.”

Más o menos, Otho expresaba lo siguiente:

“Tomás, haber estado esta mañana cerca de tí, de Rosin, familiares y amigos en el funeral de tu padre, me hizo sentir y pensar algunas cosas que aquí te comunico. Me hizo sentir triste verte triste. Muchos cristianos, con buenas intenciones, pretenden ahogar el llanto de los que aman, alegando que la muerte no es el fin de todo y hay que estar alegre siempre. Olvidan que a Jesús, en una ocasión, le llevaron la noticia de que su amigo Lázaro había muerto. Según el evangelio, ese Jesús, conocedor de todos los misterios, se echó a llorar. Añade el evangelio que quienes lo vieron llorar decían: !Cuanto le amaba! Desde mi humilde entender, me parece que la lección es que el llanto puede ser una expresión de amor y que un amigo también puede ser más que un hermano. Es un hermano que no llegó por los ríos insondables de la genealogía sino a través de la voluntad del querer. Me llegó también esta cita de Fernando Pessoa:

“Venden los dioses lo que dan.”

José Saramago me la explicó; Dios otorga a ciertos individuos una mayor inteligencia, una mayor sensibilidad o una mayor capacidad de amar. Ese don que Dios da tiene consecuencias para quien lo recibe. Si eres más inteligente que otros, habrá momentos en que esos otros no te entiendan y buena parte de tu relación con ellos la invertirás explicándote. Si te dió una mayor sensibilidad, ya sentirás esos momentos de soledad desesperante cuando compruebes que aquello que levantó tu asombro, tu curiosidad o tu compasión, los demás no lo comparten. Y si te dió una mayor capacidad de amar, nunca te sentirás correspondido. Lo que te dieron como regalo, como gracia, te cuesta. La relación tuya con tu padre es tuya y puede ser un don costoso. Una última cita que me llegó es la de un sabio medieval, San Agustín de Hipona. Todavía hoy se leen sus Confesiones y su Ciudad de Dios. No sé en qué circunstancias dijo esta cita que le atribuyen y aún así para mí constituyen un tratado de sabiduría, dijo:

“Si entiendo, no es Dios.”

Lección que es para todos y sobre todo para los soberbios. ¡Si fuera tan fácil encontrar explicación a los asuntos que más nos interrogan! Como las lejanías, las incomprensiones, los desplantes, las ínfulas. Si entendiéramos todo sobre Dios, si no hubiera misterios cuya revelación más contundente es un vislumbre de algo que intentamos descifrar, entonces lo manipularíamos como intentamos manipularlo todo. Un salmista, que no es otra cosa que un poeta bíblico decía que los pensamientos de Dios eran más altos que los nuestros. Hace poco escuché a un economista decir que las tendencias económicas y políticas no son actos de Dios. Menos mal, todavía podemos lapachar un rato más en la vida con este libre albedrío. (Sabes que esto último lo digo como una invitación para seguir conversando.) Recibe el abrazo solidario y sincero de siempre de tu hermano, Otho Rosa”

Bien sabe el viejo zorro evangélico, será punto de partida para una futura e interesante conversación.

El domingo transcurrió con la normalidad esperada. La familia tuvo la gran  satisfacción de ver una capilla que nunca estuvo vacía, palpable la amistad bien sembrada, abonada por años de convivencia pueblerina. Decenas y decenas de amigos, compueblanos, sus antiguos compañeros de trabajo, familiares —y varios amigos y compañeros míos, que llegaron del área metropolitana—, acudieron a brindarle sus respetos.

El lunes 1 de septiembre, a las 10:30am, caminamos hasta el camposanto municipal. Luego de los representantes de Las Fuerzas Armadas Estadounidenses rendirle los honores militares, su compañera, Sara, recibió la bandera de la Nación bajo cuyo ejército sirvió. A continuación, mi tío Emilio expresó las gracias a los presentes en nombre de nuestra familia. Entonces, el amigo y hermano Gilberto Arroyo recordó momentos de su vida; los tiempos de la zafra en la Central Igualdad; las comunidades agrícolas Josefa, Pagán y el Espino; sus años en la policía estatal, sus servicios en la banca, en el ejército, el periodo vivido en New York y su vida en Añasco.

Retomando lo que había hecho con mi vida, sin pretender cambiarlo a estas alturas del juego, pues he sido marxista cerca de cuarenta y tantos años, le pedí al amigo y compañero de luchas, Fernando Martín García, que se expresara en mi nombre. Y Fernando explicó lo que pudiera ser tan básico, tan de plena actualidad, como lo es la vida misma en otras naciones y el deseo, la invitación y la esperanza de que en ningún país se repitiera el hecho de que dos seres unidos por un amor incondicional se vieran enfrentados a la dificultad mayor en sus vidas: servir y luchar en dos ejércitos tan contrarios siendo ambos hijos de la misma Patria.

 

Screen Shot 2014-09-08 at 11.31.19 AMMi hija, Nicole

Screen Shot 2014-09-08 at 11.33.09 AM

 

 

 

 

 

 

Mi hija, Heidi

 

 

1 César Vallejo (Perú, 1892-Paris, 1938) 
Los Heraldos Negros (1918) LOS HERALDOS NEGROS

* La frase completa: “No solo no hubiéramos sido nada sin ustedes, sino con toda la gente que estuvo a nuestro alrededor desde el comienzo; algunos siguen hasta hoy. ¡Gracias totales!” – Gustavo Cerati.

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