La roca del misterio*

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marzo 23, 2015 por La Vieja Noche

“Pobrecita de la muerte. […] No se enfade, señora muerte, son cosas que suceden, nosotros, los seres humanos, tenemos gran experiencia en desánimos, fiascos y frustraciones, y mire que ni eso nos hace cruzarnos de brazos, acuérdese de los tiempos antiguos cuando nos arrebataba sin dolor ni piedad en la flor de la juventud…”

                                                         José Saramago (Las intermitencias de la muerte)

 

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La roca del misterio*

(A mi entrañable amiga, Cruz María Ramírez y toda su familia)

tom 1 copyTomás L. Vargas Morales/ escritor

Algo así como un inesperado estremecimiento me sobrecogió —y aún perdura— ante la imagen de esta mujer; escucharla dirigirse al público reunido frente al féretro del menor de sus hijos.

Ernesto Sabato, escritor y Doctor en física, argentino, nos recordaba, en lo que anunciaba sería su especie de testamento: Antes del fin, “Cuando el razonamiento nos conduce al borde de la psicosis colectiva, estos actos son lo más parecido a una salvación”. Me explico. Hoy —cuando la desesperanza recorre las calles de nuestros pueblos, crímenes, impunidad, impotencia por falta de confianza en quienes llevan la rienda de nuestro destino como nación y quienes aspiran llevarla, el sinfín de enfermedades mentales— escuchar palabras de amor como respuesta es sinónimo de lo posible.  Lo que podamos decir sobre la muerte de un hijo, cualquiera otra persona, a no ser los padres empujados al abismo del desasosiego, al borde de la locura —creo, al menos así lo pienso— se corre el peligro, el riesgo, de parecer artificial; por más que se intente, las palabras pueden no pasar de ser interpretadas de hermosas, elegantes… Y, aunque sentidas: sincera o solidaria expresión de generosidad. Es que resulta inimaginable, inadmisible, habitar ese cúmulo de sentimientos en niebla de ignorados parajes. Sí, cuanto acontezca en adelante, llevará el áspero sello de cicatriz o trazos de vena abierta, porque habrá cambiado la percepción del tiempo.

Al preguntarme, que extraños e indescriptibles hilos la sostuvieron en pie para brindarnos cátedra de amor y edificante sentencia de estirpe matriarcal, de madurez, temple…; esta madre y esposa, revestida ante una jugarreta fatal de la vida como Real Señora, con mayúscula, en su voz encontré la respuesta.

¿Qué hacer entonces? De mi parte, la admiración y respeto profundo; el maravillarme ante la presencia de una gran mujer; amiga como pocas, de sensibilidad superior al común de los mortales; compueblana y otrora compañera de clases en conflictivos años de escuela secundaria.

Un fuerte abrazo, querida Cuchín, eres roca de misterio refulgente.

 

NOTA: *URS VON BALTHASAR

Un pensamiento en “La roca del misterio*

  1. maria del c lopez dice:

    Bello mensaje amen ,

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