Por lo que queda por hacer: ¡Que vivan aquellos años!

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junio 22, 2015 por La Vieja Noche

Este epígrafe, (que no es otra cosa que una paráfrasis de líneas escogidas por mí, a propósito y —que lo publiqué anteriormente a manera de homenaje al inicio de un artículo dedicado al compañero de tantas luchas: Oliverio Serrano, socialista chileno-puertorriqueño radicado a orillas de la costa oeste, fallecido hace unos años, del Memorial de los Tiempos Felices, del escritor chileno, Luis Sepúlveda)—, viene esta vez a cuento por la imagen representada en el mural por la libertad de Oscar que inevitablemente evoca aquellos días en que estaba prohibido muralar o pasquinar y nos arrestaban y encarcelaban.

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Por lo que queda por hacer: ¡Que vivan aquellos años!

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Tomás L. Vargas Morales/ escritor

Y se preguntarán: ¿Qué tiene que ver esto ahora, Tomás? Pues mucho. Hace unos días marché junto a compañeros y amigos por las calles del Condado en una demostración de apoyo a la Independencia Patria y la liberación de Oscar López Rivera. Como muchos, sesentón, en la misma tarea, entre otras, desde hace cuatro décadas y pico, cumpliendo con mi deber marché coreando consignas bajo el candente sol del trópico a escasos metros del Atlántico. Pero resulta que, aunque hay otros medios, nunca descartaré este del todo. Suele decirse y es pertinente: “Si la gente calla que los muros hablen”. ¡Que vivan aquellos años bien vividos! Cada quien desde sus asuntos.

Fue gratificante el encuentro con quienes hace tiempo no compartía y el reencuentro con los que comparto regularmente cara a cara, codo a codo o a través de estos medios modernos; quienes ya hemos aprendido a no caer en la trampa de debates estériles, en desahogos que no conducen a nada constructivo ni abonan al crecimiento numérico de una lucha que lo requiere; estamos crecidos ya para vómitos de intolerancia y soberbia. La realidad nos golpea como viento fuerte la cara. Siempre habrá quien preferirá argumentar razones o motivos para continuar con lo mismo. Y tendrá su particular audiencia y su dosis de aplausos o autosatisfacción. Sin embargo, por más debates o diferencias —las creamos lógicas, pertinentes o resulten todo lo contrario— en cada actividad, sea marcha, piquete, imágenes en muros o artículos en los diarios, en causas comunes junto al pueblo que sufre los desmanes de este sistema colonial (los aumentos en el costo de vida, privatizaciones a granel, contratos leoninos, pillaje con los fondos públicos, el pretender que el pueblo trabajador pague una deuda de la cual se burlan los ricos y las grandes compañías exentas, etc.)… nos encontraremos los mismos rostros, los viejos abrazos, la eterna sonrisa en labios de quienes venimos viendo desde tiempos inmemoriales, porque nos conocemos, casi todos, por nombre y apellidos; sumados en algunos casos, el honor de la compañía de hijos y nietos o un contado grupo de jóvenes estudiantes que, en su mayoría, dedican sus primeros años de rebeldías a unirse a una lucha que por imperativo moral pertenece a todos. Se hizo posible en variadas instancias del pasado el unir nuestros brazos y esfuerzos, hoy puede ser posible y en alguna medida el día a día nos lo irá exigiendo.

Y no puedo evitar decir que entre los seniors “Cada una y cada uno de nosotros tiene en su memoria un particular álbum de recuerdos felices de aquellos días… tuvimos juventud y fue vital/ No hubo besos más fogosos que aquellos que se dieron en el fragor de las brigadas muralistas. El que besó a una muchacha de la brigada… besó el cielo (nada pudo) quitar ese sabor de los labios./

Claro que cometimos errores. Éramos autodidactas en la gran tarea de transformar la sociedad… Metimos la pata muchas veces, pero jamás metimos la mano en los bienes del pueblo./ … y es parte importante de nuestro legado feliz, de nuestra memoria feliz.

Y tuvimos modales propios porque una sola palabra bastaba para saber qué éramos y qué soñábamos: ¡Hola compañera, hola compañero! Y con ello estaba dicho todo.

Que las palabras Compañera y Compañero suenen como una caricia, y bebamos con orgullo el vino digno de las mujeres y los hombres que lo dieron todo, que lo dieron todo y pensaron que no era suficiente.”

Estas letras las dedico hoy con mucho cariño y respeto a mis compañeros de lucha y vida dentro del amplio marco de diversidad de opiniones y quehaceres.

A todos, mi respeto. Un fuerte, solidario y esperanzador abrazo.

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